septiembre 04, 2009

Una carta para la Red

Queridos amigos:
En el año 2001 toqué por primera vez las puertas de Bibliotecas Rurales en Cajamarca. Se abrieron ampliamente y entré en un mundo completamente nuevo y fascinante para mí. Casi nueve años después quiero agradecerles por eso y contarles un poco de estas impresiones que me tocaron mucho.
Ahora, enriquecida de muchas experiencias y viajes por Sudamérica, puedo asegurar que no he encontrado ningún proyecto similar. Con mucho interés sigo el desarrollo de la región nor peruana y de todo el país. Sin embargo, y con mucha lástima, me doy cuenta que su proyecto único y especial a nivel nacional casi no es conocido y, menos aún, apreciado. Al contrario. Parece que la gente de Lima no sabe que en el norte de su propio país –desde hace 38 años– sobrevive con mucha fuerza, coraje y creatividad un proyecto cuyos miembros asumen la tarea de dar accesso a la literatura en general y, en especial, a la lecto-escritura para los que por los medios oficiales están excluidos de estos servicios. Y quién podría crear semejante proyecto cada vez mejor y siempre de nuevo sino justamente estas personas que saben de qué estoy hablando: Ustedes, los mismos campesinos, guardianes del país y sus raíces culturales; ustedes que lograron cuidar y transmitir la identidad andina pese a todos los obstáculos que les ponen con mucha frecuencia en el camino.
Como alemana, para mí al principio era muy extraño que un proyecto tan exitoso fuera sostenido –en pleno sentido de la palabra- por campesinos, con su propia fuerza y una profunda convicción. Ahora sé que ustedes han podido superar todos los golpes y bajones en muchos años de su existencia, porque trabajar en Bibliotecas Rurales no es una tarea que les viene de afuera sino que les nace de adentro. Desde los inicios no había un concepto listo ni nadie enviaba expertos en bibliotecología a las comunidades para pregonar la lectura. Más bien, todo se hizo sobre el camino. Ése es un componente esencial de su trabajo, quizá el más especial.
Cuando uno conoce el paisaje de la sierra norte del Perú, es aún más impresionante pensar que ustedes meten los libros en sus alforjas para caminar con ellos durante días por terrenos áridos y accidentados hasta llegar a las comunidades lejanas, no sólo para enseñar a leer a los comuneros, sino también para prestarles estos libros que hablan de sus propias tradiciones, sus riquezas culturales, de la constitución nacional, de plantas o salud, o son novelas de la literatura mundial. A lo largo de los años ustedes han logrado que la gran mayoría de las comunidades cajamarquinas tengan acceso a estos libros y que haya un suministro regular de ellos. Esto se se logra gracias a la labor de muchos bibliotecarios y coordinadores. El canje de libros en Bibliotecas Rurales –así lo siento yo- es comparable con la siembra de buena semilla que mantiene viva a muchas comunidades, aunque estén expuestos a la piedad del tiempo. Por eso tiene que sembrarse algo profundo y por eso es necesaria una tierra sana y fuerte.
Su proyecto no es trabajo sino compromiso, vocación. Así parece y eso significa inevitablemente que este trabajo pequeño, a veces aparentemente inocuo sea a la vez un gran asunto político. Desde hace años ustedes sufren las amenazas de los potentados. A veces les frenan y hasta les minan la labor. Estos potentados se muestran en diferentes presentaciones, pero su miedo de perder el poder siempre es el mismo, y ninguno de ellos es capaz de compartir, de dar o de abstenerse.
Bibliotecas Rurales nunca ha podido ser comprada, intimidada o quebrada, y eso es lo que mayor importancia tiene para mi. De ahí he podido aprender mucho para mi propia vida. ¡Y por eso quiero agradecerles muy profundamente! Ustedes han enriquecido mi vida de muchas maneras y, aunque la mayoría de ustedes seguramente jamás tocarán suelo europeo, les aseguro que también aquí han plantado sus semillas: sus conocimientos algún día nos ayudarán a volver a encontrar el equilibrio que perdimos. Ha de ser un camino muy largo, pero ustedes también nos han enseñado a caminar.
Comparto con ustedes la alegría de mucho más décadas de trabajo y para eso les deseo mucha resistencia, paciencia, coraje y fuerza.
De su lado, en amor y amistad, su
Kyra Grewe

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