diciembre 05, 2009

Un mundo lleno de cuentos

Soy parte de una familia campesina donde la lectura, en particular para las mujeres y niñas, tiene un espacio muy importante.
¿Como puedo ser yo parte de una familia campesina, así, pues, “gringuita” como soy…?
Es que hace más de cuatro años comparto sus vidas por algunos meses cada año, haciendo mi tesis en la provincia de Bambamarca.
Vivo en el campo no sólo porque ése es mi trabajo, sino por el propio gusto y la increíble alegría que me da el estar ahí, juntos, compartiendo las risas, pero también las lágrimas y las dificultades de la vida. Y no se me ocurriría decir que son mi familia si ellos mismos no me lo hubieran dicho.
No conocí a las Bibliotecas Rurales por su blog ni por internet, ni por su fama como organización, sino porque en el campo, a eso de las 8 de la noche, cuando se toma el cafecito mientras ya todo está oscuro, empezábamos a contar cuentos con mi querida comadre y sus hijas.
Yo contaba de princesas, de castillos y de sirenas europeas; ellas de zorros zonzos, canshules y de duendas con el pelo rubio.
Se comparte así, simplemente, nuestras vivencias, explicando lo que unas y otras no entendemos, conociendo nuestras culturas desde sus cuentos.
Cuando ya no daba más la cabeza y la memoria para más historias, entonces siempre una de las niñas se paraba y decía: “¡Vamos adentro pues el cuarto está lleno de libros!”. Y regresaba con un libro de cuentos de la Biblioteca Campesina. Y entonces seguíamos contando. ¿Nuestros preferidos? ¡Pues, los cuentos sobre los perros y sus colas!
Un día le pregunte la hija menor, la Zelmita, lo que ella soñaba tener. Ella me contestó: “¡Sueño que toditas las paredes de este cuarto (que es muy grande) estén llenas de cuentos!”
Si yo me pregunto mi sueño ahora, sería que Zelma siga creciendo en medio de los libros, que a su turno le cuente a otras generaciones y que pueda tener la oportunidad, a la vez, de estudiar y de mantener su cultura campesina.
Gracias a la Biblioteca Rural allí se sabe muy bien que no se debe matar a un colibrí, porque sostiene el cielo. Y se sabe que la luna tiene una mancha porque junto con ella está un zorrito…
Eso ya es vida, ya es esperanza para todos
Emmanuelle Piccoli, de Bélgica.

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