diciembre 24, 2009

Gracias 2009!

"Donde abunda el peligro crece lo que salva"
Los reportes que nos llegan con las estadísticas de las visitas a nuestro blog, nos indican que son muchas y que van en aumento.
Queremos agradecerles por esas visitas, que nos acompañan y animan.
Así podemos seguir diciendo –parafraseando a un poeta– que ni es tan largo el camino, ni estamos solos.

diciembre 05, 2009

Visita a Ayni mundo, Lima

“La pobreza es más fácil de aguantar cuando puedes ver algo verde”, decía Ursula Wirtz, mi jefa de Alemania cuando empecé el trabajo de voluntaria aquí en el Perú, hace ya casi 20 años.
A mediados de noviembre de este año, mi colega Lola y yo tuvimos la posibilidad de realizar un intercambio con Aynimundo, una ONG limeña que promueve –entre otros– un programa de rehabilitación basada en la comunidad, igual que nosotros en el Programa Comunitario aquí en Cajamarca.
La diferencia sustancial es, realmente, lo del “verde”. Si bien los niños aquí en Cajamarca sufren de la misma “discapacidad”, de la misma pobreza e indiferencia de las autoridades, cuando salen de su casa pueden ver el cielo celeste, los pastizales verdes y la abundancia de flores. Pueden escuchar el canto de los quindecitos, el balido de las ovejas y el murmullo del arroyo. Pueden oler la tierra mojada, el trigo a punto de cosechar o la fruta madura. Pueden sentir el viento acariciando su piel, el gatito en sus piernas o la grama húmeda bajo sus pies. En Lima, a cambio, ven un cielo gris, escuchan los motores de los carros, huelen los basurales, sienten el polvo pegajoso en sus manos.
¡Qué milagro que a niñas como Catiuska les salga una sonrisa!
Cuán grande es su corazón para que logre tanta humanidad dentro de los cinco metros cuadrados que son su casa. Cuán profundo es el amor de su mamá que la mantiene limpiecita aunque tiene que comprar cada gota de agua. Cuán sencilla es su hermanita que le enseña el mundo con un abrazo.
Rita Mocker, Programa Comunitario

Un mundo lleno de cuentos

Soy parte de una familia campesina donde la lectura, en particular para las mujeres y niñas, tiene un espacio muy importante.
¿Como puedo ser yo parte de una familia campesina, así, pues, “gringuita” como soy…?
Es que hace más de cuatro años comparto sus vidas por algunos meses cada año, haciendo mi tesis en la provincia de Bambamarca.
Vivo en el campo no sólo porque ése es mi trabajo, sino por el propio gusto y la increíble alegría que me da el estar ahí, juntos, compartiendo las risas, pero también las lágrimas y las dificultades de la vida. Y no se me ocurriría decir que son mi familia si ellos mismos no me lo hubieran dicho.
No conocí a las Bibliotecas Rurales por su blog ni por internet, ni por su fama como organización, sino porque en el campo, a eso de las 8 de la noche, cuando se toma el cafecito mientras ya todo está oscuro, empezábamos a contar cuentos con mi querida comadre y sus hijas.
Yo contaba de princesas, de castillos y de sirenas europeas; ellas de zorros zonzos, canshules y de duendas con el pelo rubio.
Se comparte así, simplemente, nuestras vivencias, explicando lo que unas y otras no entendemos, conociendo nuestras culturas desde sus cuentos.
Cuando ya no daba más la cabeza y la memoria para más historias, entonces siempre una de las niñas se paraba y decía: “¡Vamos adentro pues el cuarto está lleno de libros!”. Y regresaba con un libro de cuentos de la Biblioteca Campesina. Y entonces seguíamos contando. ¿Nuestros preferidos? ¡Pues, los cuentos sobre los perros y sus colas!
Un día le pregunte la hija menor, la Zelmita, lo que ella soñaba tener. Ella me contestó: “¡Sueño que toditas las paredes de este cuarto (que es muy grande) estén llenas de cuentos!”
Si yo me pregunto mi sueño ahora, sería que Zelma siga creciendo en medio de los libros, que a su turno le cuente a otras generaciones y que pueda tener la oportunidad, a la vez, de estudiar y de mantener su cultura campesina.
Gracias a la Biblioteca Rural allí se sabe muy bien que no se debe matar a un colibrí, porque sostiene el cielo. Y se sabe que la luna tiene una mancha porque junto con ella está un zorrito…
Eso ya es vida, ya es esperanza para todos
Emmanuelle Piccoli, de Bélgica.