marzo 30, 2011

40 años de un nuevo concepto de biblioteca


Hemos visto y leído muchos informes periodísticos afirmando que los peruanos no leemos, que nuestro nivel de comprensión lectora es el más bajo de América Latina… por eso debería conocerse en el Perú y en el mundo sobre la existencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca.
En esta Red se lee sin contar con muebles, ni locales especiales y sin recibir ningún presupuesto del estado peruano. Los comuneros hacen la función de bibliotecarios en forma voluntaria.
Hace casi dos décadas atrás, fui coordinadora sectorial de la Red por tres años; animé círculos de lectura y audio debates en los que participaban adultos, jóvenes y niños. Aquí los que saben leer, leen en voz alta y los que no saben leer escuchan y preguntan o comentan. Incluso quienes no saben leer abordan temas tan actuales como el calentamiento global y la contaminación, la organización del trabajo comunal, la ley de aguas, la nutrición… En esta Red hemos aprendido a valorar el gran contenido nutritivo que tienen nuestros propios cultivos andinos y de cómo no se respetan los precios que permitirían cubrir algunas de nuestras necesidades.
De esta manera se revisa el pasado, el presente y el futuro, valorando los conocimientos ancestrales, valorando nuestra biodiversidad. Y es así como en grupo se ha ido rescatado la tradición oral de nuestra tierra, desde la propia experiencia histórica y cultural.
He tenido la suerte de compartir algunas de las asambleas generales de la Red con don Pascual Sánchez de San Marcos, don Javier Huamán de El Enterador, don Jacinto Aguilar de Araqueda, don José Félix de Huasmín… ellos, entre muchos más comuneros, han caminado por años las comunidades, con la acertada dirección de Alfredo Mires, dando vida al Proyecto Enciclopedia Campesina y otros proyectos de la Red.
Hace poco retomé el contacto con las Bibliotecas Rurales y he quedado impresionada por la gran producción de libros: detrás de ellos hay incansables caminatas –por valles, cerros, quebradas, pampas, jalcas y ríos–, en los que puede verse la forma de ser de nosotros los cajamarquinos.
Más que del pasado, estos libros están pensados a futuro.
Llevo en mi corazón la admiración que sentí en mis tres años de permanencia en la Red, el nivel de discusión tan alto conseguido por los miembros de la Asamblea General. Aquí todos conocen de temas tan actuales como la biodiversidad y los transgénicos. Y su valor ético supera a la gran mayoría de académicos de una típica universidad nacional.
Puedo decir que los coordinadores miembros de la Red tienen compromiso con el país y su destino; es el patrimonio más grande que tiene esta comunidad.
Este 31 de marzo la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca cumple 40 años. Son muchos años desde que el sacerdote Juan Medcalf las fundara… Ahora la Asamblea puede decir: " lo mejor es no haber comenzado a realizar nuestro trabajo con un modelo concebido en oficinas burocráticas y luego impuesto en las comunidades”, como ocurre con muchos proyectos de desarrollo.
Aquí radica la principal fortaleza de la Red, en su cultura organizacional. Los cimientos en los que ésta se basa son el saber escuchar la opinión, deseos y necesidades de las comunidades; sus valores, creencias y conocimientos. Aquí los coordinadores son bibliotecarios andantes: en el círculo en la Asamblea General informan el clamor de la variedad de contextos que tiene cada pueblo; aquí se revisa el entorno desde adentro. En una forma horizontal se planifican las estrategias… los propios comuneros plantean su misión, su visión e incansables continúan.
Todo esto lo comprendí mejor después de haber sido coordinadora, cuando estudié cursos de economía y administración. Al recordar a la asamblea de la Red quedé aún más maravillada al comprender que desde siempre mis queridos compañeros del campo realizaban enfoque más moderno y avanzados planeamientos estratégicos. Porque es un valor supremo ser escuchados por igual, sin jerarquías ni jefes, tanto adultos como niños, proyectando su trabajo en el corto y largo plazo, sin imposición alguna.
Alfredo Mires ha realzado esta dimensión de motivar a todos. Esta experiencia la realizan creyendo, queriendo y valorando. Pero además, tiene un lugar muy importante el buen humor: con sabor muy cajamarquino he reído a carcajadas muchísimas veces.
Estos días he visto que una universidad particular ha reproducido iconografía de Cajamarca en una publicación: esta iconografía ha sido rescatada por el Grupo de Estudios de la Prehistoria Andina de la Red, pero esa publicación –como muchas otras– ni siquiera tiene la delicadeza de señalar la fuente.
Los Bibliotecarios Rurales recuperan y protegen el patrimonio, pero algunos “intelectuales” plagian y se llenan la boca con lo que ni siquiera respetan.
El año 2004 la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca ganó un premio internacional por su Proyecto Enciclopedia Campesina, pero aquí en la zona urbana los bibliotecarios rurales no son reconocidos.
Es de lamentar que las entidades públicas no aporten siquiera con un libro para su propio pueblo.
Es por todo esto que hoy saludo a la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, por sus 40 años de permanente reflexión, compromiso y acción con el destino de las comunidades, por su presencia en esta realidad tan amenazada. Y para decir que no es tan cierto eso de que los peruanos no leemos, que en Cajamarca sí hay bibliotecarios caminantes que rescatan y dan vida al conocimiento ancestral del pueblo de Atahualpa.
Rosa Gaitán Rocha
Cajamarca

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