marzo 31, 2011

¡“A zent’anni” Red de Bibliotecas Rurales!

¡Feliz cumpleaños Red!
Hoy vas a cumplir 40 años y eres como una linda mujer con tanta gana y felicidad de vivir, con una grande, enorme familia que te quiere muchísimo.
He tenido la suerte de conocerte hace 4 años y yo también me enamoré de ti, como pasa a muchos. Y no solamente por tu belleza y por cómo eres, sino por lo qué representas para mí.
Yo soy un gringuito de Italia, una tierra y un pueblo que dicen desarrollado y rico. En verdad no creo que haya nada de desarrollado en el lanzar bombas encima de la gente diciendo que son para defender a la gente, como hace Italia hoy en Libia.
No hay nada de desarrollado en un presidente de 70 años, mafioso, que paga menores de edad para su placer y no hay nada de desarrollado en explotar y mercantilizar la tierra, el agua y los recursos naturales. Y dónde está la riqueza si hoy en mi tierra las familias no aguantan a llegar al fin del mes.
Los jóvenes aunque estudien, sean preparados y tengan ganas, no encuentran ningún tipo de trabajo. Los obreros suben encima de las torres de la fábricas donde trabajan –y que están cerrando– y allí se quedan semanas, pidiendo trabajo porqué no pueden pagar la comida a sus familias. Y los pastores de mi tierra, una isla, cruzan el mar para irse a Roma a hacer huelgas junto con sus ovejas en contra del gobierno y un sistema que los pone cada día más pobres y sin futuro.
Perdona si en la carta de tu cumpleaños te cuento estas cosas, aunque no es para que te ponga triste.
Te digo esto porque tu tierra, tu región, tu gente, todavía tiene la oportunidad de escoger su propio camino.
Sé que en Perú también, ya hace 500 años, los europeos llegaron solamente para imponer su modelo, su religión y su cultura. Una cultura muy sencilla de entender: tú trabajas duro y yo engordo. ¿Tienes oro? Qué bien, me lo llevo. ¿Tu agua? Es mía. ¿Tu tierra? También. ¿Tus Apus? ¡Serán minas! Pero te dejamos algo: pobreza, enfermedades, muerte. ¿Qué tal?, ¿hecho?
Tu gente, linda señora Red, no es atrasada, nos es subdesarrollada como dicen los gringos y el occidente.
No solo no es vergüenza la identidad de un pueblo, su propio idioma, su cultura y su cosmovisión, su relación con la tierra y con los Apus; no sólo no es vergüenza, sino que es el modelo que ahora nosotros los europeos también estamos intentando recuperar, aunque quizás sea demasiado tarde.
El único modelo que tiene un futuro no es lo que viola cada día a la Tierra y explota a los hombres.
La única manera que tenemos todos, para poder pensar en el mañana, para garantizar a nuestras hijas y a nuestros hijos, a nuestras hermanas y a nuestros hermanos en todo el mundo, un futuro, es un modelo que cuida la tierra y sus recursos, un modelo donde no haya explotación del hombre por el hombre, donde las diversidades son una riqueza, un idioma diferente es un idioma más, los colores diferentes son más colores, y el ser diferente es sólo una oportunidad para aprender cosas nuevas y enseñar cosas nueva al otro.
Y trabajar en minga es más fácil y divertido que trabajar solos.
Y usted, Querida Señora, vives en una tierra donde esto todavía existe y hay que cuidarlo.
Será el modelo del mañana. Ese modelo no es atrasado, es una vanguardia. Y es también por eso que me gustas.
Cuando estoy con tu familia, con tus amigos, con tus Apus, es como vivir en el futuro. Existen lugares, muchos lugares como las comunidades Cajamarca, donde se vive como viviremos, quizás también nosotros mañana, mejorando y trabajando para mejorar; pero es ése el modelo correcto que puede tener un futuro.
Feliz cumpleaños, entonces: “A zent’anni”, como se dice en mi idioma para desear una vida por lo menos de 100 años.
Michele Sini
de Cerdeña

Y, como cuentan en el campo:
El amor no muere
El difunto Chinfay salía una vez de una tienda cortando el frío con su traguito bien personal, cuando en eso pasa por su lao una linda contumacina, con su cinturita de ayayay, y Chinfay no se aguantó y le lanzó un piropo:
– ¡Adiós, preciosura, sólo que la mar se seque...!
– ¡Calla, Chinfay, borracho! –, le contestó con cólera la muchacha.
Entonces él otra vez le dijo:
– ¡Ajá, está bien, me desprecias, pero algún día mis cenizas se han de levantar para que peles tu trigo!

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