febrero 20, 2012

Poema de Antero Vásquez


Antero Vásquez, comunero coordinador de la Red en el sector de Pújupe, Provincia de Hualgayoc, presentó en Asamblea este poema suyo que ahora compartimos en los Andares:

La educación en el campo
despierta a toda la gente
a través de Bibliotecas
que actualmente está presente.

Todos los coordinadores
nos unimos a los eventos
para desarrollar los temas
y compartir conocimientos.

Ya todas las bibliotecas
contamos con nuestros libros
herramientas de nosotros
y escuela de campesinos.

A través de los cuentitos
la gente más se da cuenta
porque a las vistas lo ayuda
y al cerebro lo alimenta.

Eso ha sido su lectura
de nuestros antepasados
los cuentos que ya se pierden
hoy lo estamos rescatando.

Si es que leer no sabían
pero eran bien educados
con sus cuentos y sus ejemplos
no había burla ni engaños.

Así han sido los antiguos
de muchas generaciones
nos dejaron sus ejemplos
para aprender las lecciones.

Haremos nuestros paguitos
a los apus y a la tierra
porque nos brindan sustento
y pasamos vida buena.

La función de Bibliotecas
la sabe el Bibliotecario
haciendo círculos de lectura
tiene que ser voluntario.

Ya nosotros conocemos
cómo son nuestras labores
y cumplimos con los informes
todos los coordinadores.

Cuarenta años cumplimos
con los libros en las manos
para no dejarlo que caiga
lo que nosotros mismos cultivamos.

La bandera es roja y blanca
símbolo de los peruanos
y el símbolo de la Biblioteca
el sombrero, el libro y la mano.

Yo con ser Bibliotecario
agradezco nuestro lema
y por haberme dado espacio
para leer mi poema.

Asamblea General


La palabra Asamblea viene de juntar. En latín su raíz es simul, que significa reunir al mismo tiempo. También podría venir de una raíz más antigua (como sem), pero -en cualquier caso- significa unidad.
Y aunque así no fuere, habremos criado aquí la palabra desde adentro, desde el sentido con el que los pueblos hacen hablar a las palabras.
Ese sentido comunitario encarna la palabra cuando nos reunimos en nuestra Red: el sentido criador, la visión unitaria y unificadora de comuneros y comuneras, el ánimo del consenso y el compromiso de las certezas colectivas.
Hace unas semanas tuvimos la suerte de poder reunirnos nuevamente en Asamblea para avizorar los caminos que nos tocan en este año, para afianzar los sueños y plantarle cara a los desafíos.
Esta asamblea no habría sido posible sin el apoyo de las familias de cada coordinador y el de aquellos solidarios que forman parte de esta comunidad y de estos andares.

¿No se comprende que el agua es sagrada?


Don Antonio Bobadilla, de Cospán, en Cajamarca, contaba:

Cuando no hay lluvia, cuando hay sequía y se escasea el agua, en mi tierra tienen la experiencia de ir a la Mamacocha o al Pozo Kuán: llevan un par de botellas, llegan, le rezan sus Padres Nuestros, sus Ave marías, llenan su agüita y de ahí bajan hasta el fondo de las chacras o al lugar donde desean que caiga la lluvia. Y lo entierran las botellas. Y efectivamente, a los dos o tres días llueve pue, y sigue lloviendo hasta que tienen que devolver el agua a su mismo sitio, porque si no la lluvia se lo lleva con chacras y todo.
Claro, los antepasados tenían como sagrados a todo, a la luna, al sol, a las estrellas. Sagradas son las lagunas, el agua. Entonces pensamos que también es como un dios una laguna, que reclama que le devuelvan sus pertenencias.
Así como nosotros estamos buscando el rescate de lo que hemos perdido, de nuestras sabidurías, ellos –el agua, la tierra y las lagunas– también hacen un rescate de todo.

febrero 18, 2012

Documentos de la Red en issuu

Hemos creado un espacio para poder incorporar algunos documentos y publicaciones de nuestra Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca.
Puede accederse a esta información en la Etiqueta “Documentos de la Red” ubicada en este blog.
Inciamos estas lecturas con el discurso que diera nuestro compañero Alfredo Mires Ortiz en ocasión del Homenaje que la Universidad Nacional de Cajamarca rindiera a nuestra Red el 27de mayo del 2004: “El libro como un puente: Andares de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca”.

febrero 16, 2012

Nuevo Oriente y la familia bibliotecaria


Don Oscar Burga es bibliotecario rural en la comunidad de Nuevo Oriente, en la provincia de Chota, pero don Oscar tiene que trabajar casi todos los días fuera de su casa, de manera que la biblioteca es atendida por su esposa y su hija.
Así ocurre con muchas de nuestras bibliotecas rurales: más que un bibliotecario rural hay una familia bibliotecaria.
Doña Luzbella Sagástegui Delgado atiende a los lectores y, si ella no está, es Luzmery Burga Sagástegui, de trece años, quien se encarga de todo el quehacer de la biblioteca.
Durante un tiempo tuvieron que vivir fuera, pero no dejaron que la biblioteca desfalleciera, encargaron los libros y cuando volvieron a la comunidad, la retomaron.
Hay entusiasmo en esta familia. Y lo transmiten: “A mi me gusta Shakespeare –dice luzmery–, me gusta Romeo y Julieta. Los libros son muy importantes para ayudar a la gente”.

El Verde: como coser lecturas


Cada Biblioteca Rural es una historia: cada una se cría de acuerdo a su ambiente y su gente. No hay una receta: la pauta la pone el campo.
Así, en la comunidad de El Verde, Juan Díaz Benavides –bibliotecario rural– que es sastre, atiende a sus lectores en medio de las madejas y los hilos, en medio de sus máquinas de coser, de los trajes que cose o zurce…
Juan es sastre: sabe lo que es inventar un vestido y sacar las medidas justas; sabe lo que son los retazos y las costuras, lo que engalana y lo que abriga.
Sabiendo así, más se anima a urdir la lectura entre los suyos, a entretejer la memoria y enaltecer la belleza del andar sabiendo.

febrero 15, 2012

Carta a la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

Y sólo estando allí recorriendo parte del camino andado por ustedes, luego de hablar, dormir y comer en sus casas, de entender que campesinos, indígenas, ronderos y bibliotecarios están unidos por el vientre, descubrimos que efectivamente pensamiento y práctica se corresponden, que la palabra dignidad está en cada una de sus prácticas y actos. Es un movimiento construido a pulso, palmo a palmo, ladrillo a ladrillo, lento pero sin pausa por más de 40 años. Allí todo se cosecha, se cría: bibliotecas, libros, decisiones y proyectos, se cultivan al calor del contexto, de lo posible, de los sueños, de la discusión. Cualquier viento no les sirve.
La lectura colectiva y la circulación del libro ya hace parte de su cotidianidad, supieron tejerlo junto a sus otras actividades: el cultivo de la chacra, la elaboración de medicinas, de la crianza del cuy. Tejer todo esto en una gran manta requirió de tiempo, andar y aprender. La Red de Bibliotecas es una manta interminable tejida con hebras de distintos colores y tamaños. Es una Latinoamérica en pequeño.
Conocer experiencias dignificantes donde se labra la salud, el espíritu y la vida, a contra corriente de la galopante mezquindad en toda nuestra América, tiene un efecto motivante en hacedores de cultura y educadores de otros territorios: cultivar nuestros propios proyecto culturales y educativos con semillas de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca y de otras experiencias campesinas e indígenas de Latinoamérica.
A todo el movimiento pedagógico y cultural, nuestras más sinceras palabras de aliento para este nuevo año, agradecemos su hospitalidad y calidez en nuestra estadía en Cajamarca.

Isabel Bernal y Jaime Bornacelly
Medellín. Colombia
Enero de 2012

Bibliotecas Rurales: Donde el viento apedrea


Muy arriba de la cordillera, donde limitan las provincias de Hualgayoc y Chota, está la comunidad de Huayrasitana; en lengua quechua el nombre significa “Donde el viento apedrea”.
Ahí, hace cuarenta años, se formó la primera Biblioteca Rural de nuestra Red.
El Padre Juan Medcalf animó a don Donato Eladio para que fuera el bibliotecario.
Hace ya muchos años que don Donato falleció, pero su hijo asumió la responsabilidad de la biblioteca por un tiempo. Y luego, hace ya más de ocho años, la comunidad eligió como bibliotecario a don Nolberto Rojas Saavedra.
“Aquí las bibliotecas empezaron desde abajo. Nada se ha hecho nunca desde arriba”, dice don Nolberto: “Nada ha venido de arriba: esta historia la estamos escribiendo nosotros”.
Don Nolberto comprende que este andar no acaba nunca: “Aquí piden mucho libros de cuentos. Y queremos aprender quechua. Como dice el afiche de nuestras Bibliotecas “Si más leo más crezco”. ¡Es que uno cuando lee se hace más joven!. Si uno tiene, por ejemplo, mala ortografía, cuando lee mejora su capacidad. Yo me había olvidado de leer y escribir, pero con la biblioteca recuperé mi capacidad”.
En estas cimas, en estos caminos y en esta brega, nuestro querido compañero Juan Medcalf, así como todos los bibliotecarios y comuneros difuntos, pueden decir como decía el poeta indio Rabindranath Tagore: “Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando”.

“Cuentos para pensar”

Lectura para compartir: texto del escritor Jorge Bucay.

Cavando para montar un cerco que separa mi terreno del de mis vecinos, encontré, enterrado en el jardín, un viejo cofre lleno de monedas de oro.
A mí no me interesó por la riqueza, sino por lo extraño del hallazgo.
Nunca he sido ambicioso, y no me importan demasiado los bienes materiales...
Después de desenterrar el cofre, saqué las monedas y las lustré. ¡Estaban tan sucias y herrumbrosas las pobres! Mientras las apilaba sobre mi mesa las fui contando...
Constituían una verdadera fortuna.
Sólo por pasar el tiempo, empecé a imaginarme todas las cosas que se podían hacer con ellas...
Pensaba en lo contento que se pondría un codicioso que topara con semejante tesoro... Por suerte... Por suerte no era mi caso.
Hoy ha venido un señor a reclamar las monedas. Era mi vecino.
Pretendía sostener, el muy miserable, que las monedas las había enterrado su abuelo y que, por lo tanto, le pertenecían.
Me fastidió tanto... ¡que lo maté!
Si no lo hubiera visto tan desesperado por tenerlas se las habría dado, porque si hay algo que a mí no me importa, son las cosas que se compran con dinero...
Pero eso sí, no soporto a las personas codiciosas...

Numbral


Don Abelardo Campos Acuña tiene veinte años de bibliotecario.
No sólo atiende su chacrita: Abelardo con toda su familia acopia la leche de sus vacas y trabajan durísimo para producir quesos.
Sin embargo, él y los suyos se organizan para poder atender la Biblioteca Rural de su caserío Numbral, en la Provincia de Chota.
Más aún, su casa es una referencia para las reuniones de la comunidad, para atender a los enfermos, para reunirse…
“Los libros nos han ayudado a mejorar nuestras vidas –dice Abelardo–. Nosotros ya no podríamos vivir sin nuestra biblioteca, porque ella nos ayuda a hacer crecer el conocimiento”.
Desde esa dedicación, admira y aprecia a comuneros como don Absalón Vásquez Idrogo, quien tiene más de setenta años y es su mejor lector: “Todo el tiempo está leyendo, animado y animando”.