marzo 18, 2013

Laurencio

Don Laurencio Vigo Sánchez, de la comunidad de Siracat, ingresó a la familia de la Red de Bibliotecas Rurales hace ya muchos años, primero como bibliotecario y posteriormente como Coordinador.
Hace unas semanas participó en la Asamblea General de coordinadores y bibliotecarios, se quedó unos días por motivos de salud –con la esperanza de que en el nuevo hospital fuese atendido con más facilidad que en el local antiguo–, pero su decepción fue igual que siempre: largas colas, inútiles esperas, trámites y más trámites…
Entonces nos sentamos a la conversa para aprender un poco de su experiencia. Y, con una expresión de convencimiento, cuando le preguntamos por qué sigue siendo bibliotecario, qué le motiva, nos dijo:
“Me motiva la lectura, el respeto por nuestras costumbres, el rescate de nuestros conocimientos. Respetar la chacrita, poner la cruz para que nuestras cosechas sean buenas, los rezos en los duelos…
Para mí bibliotecas rurales es la unión, es encontrarnos entre compañeros de un lugar y otro, conocernos, hacer amistad, ver que la familia es más grande.
Antes no teníamos ni siquiera nuestro propio local y nos reuníamos en los Baños del Inca, a veces en el local del INC o en algún lugar donde nos daban posada; pero ahora tenemos nuestra propia casita; ¿cómo vamos a dar marcha atrás, con tanto esfuerzo que la hemos construido entre todos? Es un buen trabajo que ha hecho nuestro compañero Alfredito, si no, ¡dónde estuviéramos, cuánto dinero nos sacarían por hospedaje!
Yo no quiero salir nunca de Bibliotecas, aunque los tiempos se pongan más difíciles. La familia siempre debe estar unida y apoyándose.
Antes caminábamos hasta tres días, a veces nos quedábamos a dormir en el campo porque llegaba la noche y las casas estaban muy distantes. Otras veces nos quedábamos en la casa de alguien que nos daba posada. Pero nunca sentimos el trabajo pesado porque sabíamos que de todas maneras nos íbamos a encontrar con nuestros compañeros bibliotecarios”.

Caminos propios

"Queda decretado que el mayor dolor fue y será siempre no poder amar".
Thiago de Mello

A mediados de febrero, los coordinadores del Programa Comunitario se reunieron con el Equipo de nuestra Oficina Central para evaluar el trabajo del año pasado e ir planificando el del presente.
Viendo todo desde la formación campesina de nuestros coordinadores –con sus propios ojos– nos ayuda a todos a damos cuenta de lo difícil que resulta adaptar nuestros quehaceres a las estructuras de indicadores, resultados y monitoreos.
Así re-ajustamos las clavijas para no convertirnos en un “programa de desarrollo” que únicamente cumple con los parámetros requeridos por las agencias de apoyo.
Las observaciones, dudas y sugerencias de los coordinadores nos encaminan, nuevamente, hacia un trabajo más comunitario y nos guían en nuestros andares al lado de los niños con capacidades proyectables, desde su perspectiva y sus necesidades. Hacen que no sólo seamos un proyecto de rehabilitación basada en la comunidad, sino que seamos comunidad. Y nos indica el camino para ser más gente.
En esta misma línea, y con el apoyo de la psicóloga María Elena Iglesias, tratamos de ver cómo podemos implementar en los próximos años una política de protección infantil en el trabajo del Programa Comunitario. Agradecemos mucho a María Elena por su sencillez, su sensibilidad y su capacidad de opinar para encontrar nuestro propio camino hacia esta meta.

El amor a la sabiduría

En nuestros andares y encuentros con otras personas y organizaciones, muchas veces tenemos que explicar qué es Bibliotecas Rurales, quiénes somos, qué anhelamos, hacia dónde pretendemos ir o cuál es la razón de nuestro ser.
A veces también tenemos que definir lo que no somos o no queremos ser, y es ahí donde queda el mal gusto de “re-negar” cuando se trata de defender nuestros principios y la integridad de las comunidades campesinas de las que procedemos.
Ese negarnos a aceptar los parámetros oficiosos del desarrollo o dar por sentadas las “verdades” impuestas, nos traen –muchas veces– más de un aire contradictorio.
El Comité Central de la Red convoca, por eso, constantemente a todos los miembros de la oficina central y –hace poco también a varios amigos– a discutir sobre nuestra concepción, sobre lo que somos.
Decir filosofía puede resultar –desde la ubicación cultural– un término raro o inadecuado, pero si la palabra procede de los vocablos griegos phylos, que significa amor, y sophya, cuyo significado es sabiduría, termina siendo más amistoso.
Pensar en lo que sabemos y desde lo que sabemos encaja con lo que somos y queremos ser: gente que ama lo que hace, lo que es, y gente que aprecia la sabiduría de los mayores, de la naturaleza y de todos aquellos que tienen algo que enseñarnos y compartirnos.

Claudio nos visita

Hace algunas semanas tuvimos la suerte de contar con la visita de Claudio Chipana, profesor peruano residente en Londres y solidario miembro de causas justas.
Claudio vino en compañía de su esposa para conocer Cajamarca y pudimos aprovechar la ocasión para charlar con ellos, ahondar en los contextos y mostrarle un poco de nuestro quehacer.
En Londres, él viene apoyando incluso algunas de las actividades fraternas de nuestra compañera Helen Heery, responsable de Sarah's Rural Library Fund.
Y estando aquí, Claudio tuvo expresiones concretas de su solidaridad con nosotros.
Apreciamos este encuentro, este seguir creciendo.

marzo 06, 2013

Avanza la película…

Hace casi un año que Pier Paolo Giarolo vino de Italia –luego de la aprobación de la Asamblea de nuestra Red– para empezar a rodar la película sobre Bibliotecas Rurales.
Al cabo de dos meses retornó y empezó con las enormes tareas de la edición.
Y ya casi llega al final.
Pier Paolo nos cuenta que han empezado las traducciones finales a cuatro idiomas y, ojalá pronto, podamos verla terminada.
Celebramos este esfuerzo y compartimos este empeño.
Aquí una foto que nos hizo llegar de su “bunker” de edición.

Asamblea

Las últimas semanas, en la Oficina Central de Bibliotecas Rurales nuestras actividades se incrementaron. Preparamos paquetes de libros, organizamos mingas de limpieza, pensamos en un programa de trabajo y en un menú, conseguimos libros para el canje, elaboramos carnés para los coordinadores y sus bibliotecarios… ¡Chamba de sobra! Pero lo hacemos con la alegría de recibir a nuestros compañeros y compañeras coordinadores y bibliotecarios que vinieron para participar en la Asamblea General de nuestra Red de Bibliotecas Rurales.
La Asamblea es el máximo órgano de decisión que tiene nuestra organización, todos participan con sus aportes, las experiencias en sus comunidades y se deciden de manera general las líneas de trabajo para el año. Por eso la importancia de prepararnos bien para este evento.
Aquí consolidamos el hecho que las decisiones siempre se toman de manera colectiva y por consenso pleno. No hay jerarquías ni mayorías: comunidad es equilibrio y concordia, fraternidad y consonancia.
Antes que acabara febrero la casa estuvo completita, con toda la familia, que vino desde lejos para robustecer las junturas.





Canje de libros

Dos o tres veces al año celebramos en Bibliotecas Rurales la gran fiesta del canje de libros.
Los coordinadores llegan de sus comunidades trayendo libros que ya han leído –o que ya están muy maltratados– para llevar nuevos libros a sus bibliotecas.
En pocas horas se hace este intercambio y, para que todo esté listo en el momento, antes tenemos que limpiar y ordenar nuestro Centro de Canje, preparar paquetes con las nuevas ediciones de la Red, ordenar la biblioteca desde donde salen los libros y hacer espacio para recibir lo que traen los coordinadores.
Muchas veces hacemos estos arreglos en minga (trabajo voluntario y colectivo), porque el trabajo en comunidad es más ligero y entretenido y, obviamente, avanzamos mucho más rápido con todas las tareas si entre todos nos echamos una mano.
A inicios de febrero celebramos una de estas mingas. Agradecemos a todos los que nos ayudaron con su fuerza, su ánimo y su solidaridad. ¡Qué bendición el juntarse!

En el comercio justo

Cuando regresé de Cajamarca en octubre de 2011, traje algunos libros de Bibliotecas Rurales en mi mochila. Fui después a algunos lugares en Heidelberg –al sur del Alemania– para preguntar si era posible colocar los libros ahí. Y en uno aceptaron (http://www.weltladen-heidelberg.de/).
Hasta hoy día se pueden encontrar algunos de nuestros libros en las estantes de la Tienda de un mundo, en el casco antiguo de la ciudad.
Esta tienda vende varios productos de todo el mundo bajo las condiciones del comercio justo. Me alegra que haya el interés por los cuentos y textos de las comunidades campesinas de Cajamarca en Alemania. Y agradezco a esta tienda por su cooperación, así como a la Red de Bibliotecas por sus bellos libros que dan acceso a la vida en las comunidades para gente también en otras partes del mundo.
Melanie Irmey