abril 15, 2016

Sentir la tierra

Aunque la gente desde siempre se movía con sus propios pies, nuestra manera de desplazamiento –con los siglos y por la creciente ampliación de la infraestructura– ha cambiado tanto en Europa como en otras partes del mundo: caminar cada vez ha sido cada vez menos necesario y por eso ahora –si es que caminamos– se ha reducido a una mera actividad recreativa. Con eso se perdió poco a poco una posibilidad esencial de conexión, precisamente, con la tierra, en todo el sentido de la palabra.
Estoy profundamente convencida que este movimiento fundamental del andar, esta sensación de la tierra bajo nuestros pies, este “ser sostenido” por la tierra, nos hace falta para un desarrollo sano, si es que no lo vivimos.
No aprendemos sobre distancias reales, no sabemos de huesos cansados o una mente vacía, ni experimentamos caminos accidentados o el contacto profundo con la naturaleza cuando nos rodean bosques altos, panoramas amplios, animales silvestres o altas montañas. Ya no reducimos nuestro equipaje porque es transportado por otros; no nos sentimos humildes frente a la grandeza natural porque no hay un encuentro personal con la naturaleza; no nos sentimos exhaustos porque no somos exigidos. Todo es rápido, supuestamente eficiente y muy cómodo. Con otras palabras: Muchas veces perdemos las relaciones y ya no nos sentimos como una pequeña parte del todo, sino como algo separado, como alguien muy grande (e importante), porque sabemos cortar caminos, engañar a lo demás y a nosotros mismos... Pero caminar nos enlaza con la tierra, y con este enlace estamos menos propicios de perder de vista las reales grandezas.
Y es mucho más lo que la naturaleza tiene para enseñarnos.
Eso lo han sabido y vivido ustedes desde siempre en Bibliotecas Rurales. Desde hace 45 años –y también mucho antes– andan por estos caminos que son sobre todo eso: duraderos y vinculantes. Ustedes cargan libros de caserío en caserío.
Sabiduría ancestral, conocimiento prestigioso y cuentos propios son llevados a través de los tiempos hasta ahí donde pueden echar raíces: a las comunidades más lejanas. Ustedes ponen un pie delante del otro sin preocuparse de los retos que les esperan en los caminos y sin pensar en las molestias que les pueden esperar.
Sin este caminar consciente no habría Bibliotecas. Ustedes escogen sus pasos con cuidado: Son familiarizados con las voces de la naturaleza, porque los rodean, porque están siempre en contacto con ella. Ustedes leen la naturaleza, la recorren, caminan día tras día bajo la lluvia, el sol, las tormentas. Son sus compañeros naturales y los aceptan. Como parte de su camino ya se han hecho parte de ustedes. Eso se siente en su trabajo, al leer sus libros y escuchar sus cuentos: ¡Ustedes sienten la tierra, y quien la siente está vivo!
Muchas felicitaciones por su 45 aniversario y mi gran agradecimiento por su formidable e impresionante trabajo que sigue fluyendo, creciendo e insprirando.
De su lado, aunque sea de lejos, y con un cordial abrazo
Kyra Grewe

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