noviembre 04, 2026

Lectores solidarios

En estos tiempos de impacto de redes sociales, donde la vida parece suceder en Facebook, Tik-tok o Instagram, encontrar personas que todavía leen libros en papel, completos y hasta varias veces, es una bendición.
Hace un par de semanas, una amiga me llamó para pedirme que pasara por su casa a recoger unos libros que su hija, Sofía Genoveva, quería donar a la Red de Bibliotecas Rurales. Para ser sincera, fui con cierta cautela, porque normalmente recibimos donaciones de libros que poco nos sirven, en su mayoría textos escolares, es decir, los que el gobierno distribuye en las escuelas.
Pero esta vez me llevé una grata sorpresa. No solo encontré en Sofía Genoveva a una verdadera lectora —¡que además se dedica a escribir!—, sino también una hermosa selección de libros infantiles, de buena calidad y con contenidos valiosos.
No eran libros nuevos. Se notaba que habían pasado mil veces por las manos de alguien que se los había leído a Sofía Genoveva, y que ella misma los había hojeado y releído una y otra vez. Libros muy amados, pensé de inmediato. Y los recibí con ese mismo cariño, sabiendo que ahora otros niños tendrán la oportunidad de descubrirlos y amarlos también.
Hace unos días leí que “Escuchar cuentos no enseña a leer: enseña a querer leer”. Gracias, Sofía Genoveva y familia, por compartir con nosotros no solo sus libros, sino también este amor solidario de compartir.
Rita Mocker

Chocolate literario

El viernes 16 de octubre, a partir de las 5:30 p. m., se realizó el I Chocolate Literario en la Sala Integral de Comunicación y Cultura de la I. E. 16049 Inmaculada Concepción, Montegrande, Jaén. La actividad se desarrolló mediante una Carta Literaria, organizada en cuatro momentos, promoviendo el intercambio de experiencias entre estudiantes, padres y madres de familia, docentes y asistentes.
La jornada inició con la “Entrada”, en la que estudiantes de primaria y segundo grado de secundaria compartieron sus experiencias lectoras. Luego, en el “Plato fuerte”, el profesor Miguel López Santos organizó dos mesas decoradas con flores, número de mesa y una carta que ofrecía seis libros de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca: Todos los tiempos, Trenzando sombras, Tintes y tejidos, ¡Música, maestro!, Nuestras herramientas y Los seres del más acá. Cuatro estudiantes voluntarios de segundo de secundaria ocuparon las mesas y eligieron sus lecturas. Asimismo, el público seleccionó libros para leer individualmente o en compañía de sus hijos. Luego, se compartieron tarjetas en forma de cacao con preguntas sobre las lecturas, cuyas respuestas fueron compartidas voluntariamente. Las preguntas fueron: “¿Qué fue lo que más te gustó del libro? ¿Por qué?” y “¿Qué parte del libro te hizo recordar algo de tu vida?”.
La actividad continuó con “Terceras voces: Lecturas que dejan huella”, en la que dos estudiantes de tercero de secundaria compartieron sus experiencias con los libros de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, destacando los saberes, creencias, valores y tradiciones que estos conservan. Una de las estudiantes relató una historia que explica, desde la tradición oral, por qué los perros se huelen la cola y presentó al público su libro cartonero “Saberes de nuestra comunidad”, que reúne textos elaborados por los estudiantes.
En el “Postre de palabras”, dos estudiantes pidieron al público que escribieran en una tarjetita con forma de hoja lo que significaba para ellos la lectura y cómo motivarían a otros a leer. Al culminar, las iban colocando en las ramas de un árbol pegado en la pizarra.
En la “Sobremesa literaria”, una estudiante del mismo grado hizo esas mismas preguntas a los invitados especiales, quienes brindaron consejos para motivar a los jóvenes a leer.
Finalmente, la jornada concluyó con un compartir de chocolate y tamales, cerrando un encuentro que permitió disfrutar de la lectura, compartir experiencias y valorar los saberes de nuestra comunidad.
Gracias a Janely Triful, Mariana Reto, Tatiana Vásquez y el profesor Miguel López Santos por organizar esta hermosa experiencia de lectura y compartirla con nosotros. ¡Un abrazo hasta Jaén!

noviembre 03, 2026

Bibliotecas que tejen comunidad: un encuentro de saberes entre Cajamarca, Perú, e Inírida, Colombia

Visitar Cajamarca, Perú, fue una oportunidad para aprender, compartir y reconocer que, aunque las bibliotecas se encuentren en territorios diferentes, nos une un mismo propósito: acercar los libros, la lectura, la cultura y el conocimiento a nuestras comunidades.
Durante esta visita tuvimos la oportunidad de conocer el trabajo que realiza la Red de Bibliotecas de Cajamarca, especialmente la experiencia de las Bibliotecas Rurales en Instituciones Educativas (BRIE). Conocer sus procesos, recorrer sus espacios y escuchar las historias que hay detrás de cada iniciativa me permitió comprender aún más el valor de las bibliotecas que nacen de las necesidades de las comunidades y crecen gracias al compromiso de las personas que creen en ellas.
Me llamó especialmente la atención el trabajo que realizan en las zonas rurales, el compromiso de sus voluntarios y la manera en que han logrado construir una red que conecta personas, comunidades y saberes alrededor de la lectura. Es inspirador ver cómo, con dedicación y trabajo colectivo, los libros pueden llegar a lugares donde el acceso a la cultura y a la información representa un gran desafío.
Este encuentro también fue una oportunidad para compartir nuestra experiencia desde Inírida, Guainía, Colombia, y contar parte del trabajo que desarrollamos desde las bibliotecas públicas de nuestro territorio. Compartimos nuestras estrategias de promoción de lectura, las actividades culturales y los procesos que buscan acercar las bibliotecas a niños, jóvenes, adultos y comunidades rurales. Desde nuestra realidad amazónica, también trabajamos para que las bibliotecas sean espacios vivos, de encuentro, aprendizaje, reconocimiento cultural y construcción de identidad.
Uno de los aprendizajes más valiosos de este intercambio fue reconocer que cada territorio tiene sus propias particularidades, pero que existen muchas ideas y sueños que podemos compartir. Las experiencias de Cajamarca nos inspiran a seguir fortaleciendo nuestro trabajo, mientras que nuestras vivencias en Guainía nos recuerdan la importancia de valorar la riqueza cultural, las voces y los saberes de nuestras comunidades.
Me llevo de esta visita nuevos aprendizajes, ideas para seguir construyendo y, sobre todo, la certeza de que las bibliotecas van mucho más allá de sus paredes y sus colecciones. Son espacios que crean oportunidades, fortalecen vínculos y ayudan a transformar realidades.
Agradezco a la Red de Bibliotecas de Cajamarca por abrirnos sus puertas, compartir generosamente sus experiencias y permitirnos vivir este encuentro. Regreso a mi territorio con el corazón agradecido y con la motivación de continuar trabajando por unas bibliotecas cada vez más cercanas a la gente, capaces de reconocer la diversidad cultural y de sembrar en cada comunidad nuevas oportunidades a través de la lectura.
Porque cuando las bibliotecas se encuentran, no solo se comparten experiencias: también se tejen redes, se fortalecen sueños y se construyen caminos para que la lectura llegue cada vez más lejos.
Laura Curvelo
Biblioteca “Princesa Inírida”, Guainía, Colombia

octubre 16, 2026

Juntos en "La posada de la larga vida"

Este año, concluimos una etapa del Programa Comunitario que, durante más de 30 años, acompañó a los niños con capacidades proyectables, de varias comunidades cajamarquinas.
Por ello, hace unas semanas, realizamos nuestra última reunión en un lugar especial: el distrito de Ichocán, cuyos pobladores denominan “La posada de la larga vida”, en la provincia de San Marcos. No muy lejos de Cajamarca.
Algunos visitaron este relajante lugar, por primera vez; otros, ya estuvieron antes, allí; pero, a la hora de volver, todos queríamos quedarnos un poquito más…
Durante los días que estuvimos reunidos, hemos disfrutado de gratos recuerdos, experiencias y aprendizajes. También asumimos nuevos compromisos porque, si bien sabemos que muchas cosas no pueden continuar por cuestiones económicas, también sabemos que los niños y sus familias esperan seguir acompañados, cuentan con nosotros, saben que estamos dispuestos a escucharlos o a darles una manito cuando nos necesiten.
Tuvimos también la presencia generosa y esperanzadora de Claudia Bauer, voluntaria alemana que nos acompañó algunos días y que se involucró como si siempre hubiese sido parte de esta familia.
Ichocán definitivamente, nos llenó de energía, de entusiasmo, de esperanzas y también por qué no decirlo, de ricos dulces, como los que hornean para sus fiestas.
Quedamos muy agradecidos por las atenciones recibidas, por el cariño de su gente; pero, sobre todo, por el ánimo de nuestros coordinadores que, aun sabiendo que sería nuestra última reunión, participaron con todo su ánimo y su cariño.
¡Gracias, siempre!

Claudia, voluntaria

A veces, nos sentimos solos y desganados, pues tenemos mucha chamba y nos faltan manos para poder avanzar, pero siempre aparecen personas, como llamadas por nuestros pensamientos y sueños, y nos ofrecen su apoyo para seguir en este camino que decidimos estar.
Claudia Bauer, de Offenburg, Alemania; llegó un domingo por la tarde, sin hablar bien el español, pero eso no fue impedimento para comunicarnos. Ella vino con ganas inmensas de conocer el trabajo de la Red y ofrecer su granito de arena.
Gracias Claudia, por ese tiempo que nos regalaste, contando libro por libro, revisando cada caja, sin quejarte; con paciencia y con una sonrisa. Por acompañarnos en esta tarea que hacen que los días aquí se sientan en familia. Esta es una labor silenciosa, a veces se trata de un trabajo mecánico, pero no cualquiera se atreve a hacerlo; sólo alguien con el firme propósito y convicción de apoyar y hacer posible que sigamos en pie, sabiendo que existen personas como tú que nos aprecian, nos ofrecen su apoyo voluntario desinteresado, nos hacen saber y ver que nuestra labor es valorada, no minimizada; y es una parte importante de la esencia de la Red.
Gracias por ser parte de esta familia lectora. 

octubre 03, 2026

Los pliegues de la plegaria

VIII

Señor,
si muero mañana
no me mandes al cielo
porque el cielo no existe
y debe ser un infierno
habitar en un lugar
que no hay.
(…)

Alfredo Mires
en: Como acostarse indeciso y despertar a arriesgarse

Colombiando

En el mes de agosto tuve la oportunidad de viajar a Colombia y compartir la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, Perú, en diferentes espacios. En mi maleta llevé historias, imágenes, preguntas y muchos años de camino compartido con los campesinos de Cajamarca.
Por invitación de nuestra amiga Isabel Henao, responsable de las bibliotecas de COMFAMA, participé en dos talleres: uno en Támesis, una pequeña y hermosa ciudad al suroeste de Medellín, y otro en un encuentro de Juntanzas, una iniciativa que reúne bibliotecas públicas, escolares, comunitarias y universitarias para trabajar juntas por el acceso a la lectura, la escritura y la información.
En ambos espacios conversamos sobre qué significa una biblioteca cuando nace de la comunidad y camina con ella. Hablé de la Red desde el corazón, de nuestra manera de entender los libros, la lectura, la cultura y la vida, y también en nombre de los campesinos y de Juan Medcalf y Alfredo Mires, sus fundadores.
También visité la IE Concejo de Medellín, en La Floresta, donde conocí a una niña que lee y escribe de manera extraordinaria. El encuentro fue posible gracias a Gustavo Oquendo, profesor de filosofía, quien meses atrás le había hablado de nuestra Red y de uno de nuestros símbolos: el Ñaupa.
Unos días después, la profesora Gloria Velásquez me recibió en la Institución Educativa Técnico Industrial Simona Duque de Marinilla, donde compartí tres talleres con estudiantes de los últimos grados. Además de contarles lo que hacemos en la Red, realizamos algunas técnicas participativas de Educación Popular para pensar y sentir juntos lo que somos y hacemos aquí, en Cajamarca, en nuestras bibliotecas.
Nunca había visto estudiantes tan interesados y atentos. Al terminar uno de los talleres, un muchacho se acercó y me preguntó muy seriamente:
—¿Y también van a abrir una Biblioteca Rural en Marinilla?
Esa pregunta me abrió el corazón. Porque quizá de eso se trata también una experiencia como la nuestra: de compartir lo aprendido durante tantos años y descubrir que, al otro lado de una frontera, alguien puede escuchar, imaginar y pensar que nuestra experiencia también podría ser suya.
Regresé a Cajamarca contenta. Pero algo nuestro se quedó por allá. Así, como debe ser.
Rita Mocker
Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca

Lectura con sabor a chocolate

Janely Sugey Triful Centurión, Luz Marina Reto Díaz y Tatiana Yudit Vásquez Tantaleán, miembros de la Red de Bibliotecas Rurales y estudiantes de la Escuela de Educación Superior Pública de Gestión Privada “Víctor Andrés Belaúnde, de Jaén están haciendo sus prácticas profesionales en la IE “Inmaculada Concepción” en Montegrande, Jaén. Janely, Luz Marina y Tatiana son mediadoras de lecturas, conocen muy bien los libros de la Red y las usan en sus actividades y prácticas.
Hoy nos están compartiendo la experiencia del picnic-taller “Lectura con sabor a chocolate” que relaciona los saberes de los libros de Bibliotecas Rurales con las experiencias familiares y comunitarias de sus estudiantes. 
Las estudiantes nos cuentan su testimonio: “Consideramos que el taller permitió crear un ambiente diferente al de una clase habitual, ya que los estudiantes pudieron leer de manera más cómoda y libre: sentados o recostados en cojines, incluso sin zapatos, mientras compartían entre ellos. También valoramos que no se les impusiera un libro específico, más bien que tuvieran la libertad de explorar, observar y elegir el texto que más llamara su atención.”
Por su parte, el subdirector Marcos Sánchez manifiesta que la IE viene implementando un proyecto integral de lectura con metodología STEAM+H (Ciencias, Tecnología, Ingeniería, Artes, Matemáticas +Humanidades, por sus siglas en inglés), buscando ofrecer mejores condiciones para leer, comprender y pensar críticamente. “El desafío es acercar los textos a los estudiantes para que lean en libertad, acompañados por docentes mediadores. Porque si docentes, directivos y familias no leen junto a niños y adolescentes, perdemos un importante espacio de conexión con la lectura. No podemos esperar mejores resultados en comprensión lectora si no ofrecemos mejores condiciones físicas y pedagógicas”, menciona el profesor Marcos. “Gracias a la Red Rural de Cajamarca por ofrecernos literatura regional propia del pensamiento campesino y de la gente de a pie, que permite a los estudiantes reconocerse en su cultura y en el saber popular que los identifica como cajamarquinos.”
Felicitamos estas iniciativas y nos sentimos orgullosos de ellas y el liderazgo pedagógico del subdirector. Qué buena experiencia de lectura, qué manera más bonita de acercar a los estudiantes a los libros, sin estrés, sin tareas, sin exigencias. ¡Esos momentos recordarán toda la vida!

septiembre 16, 2026

Anotar o recordar

Por toda mi casa hay papelitos, libretas y pizarras donde anoto lo que debo recordar: las cosas que tengo que comprar, el número de una cuenta, la contraseña de qué sé yo y el trámite pendiente. En mi celular programo alarmas para no olvidarme de tomar las pastillas, hacer una llamada o ir al dentista, y mi agenda —tanto la física, un bonito cuaderno, como la virtual, en este omnipresente teléfono móvil («el nuevo espejito que nos trajeron los gringos», como dice mi amigo Grimaldo Rengifo)— está llena de notitas, cumpleaños, reuniones y otros datos «útiles».
No sé si son las exigencias del trabajo o mi miedo a olvidarme de algo, pero tengo la sensación de que, si no anoto, no existo.
Me gustaría volver a la tranquilidad y la inocencia de una vida sin tantos apuntes. Alfredo suele recordárnosla con estas palabras:
La mama Santos Valdez, yach’aqmama –madre sabia– de la comunidad de Chilimpampa, solía decirme: «Yo soy analfabeta de castellano: en quechua –la antigua lengua madre de los Andes–. Yo sí sé defenderme. Y no necesito aprender a escribir porque nosotros hemos aprendido a recordar lo que aprendemos».
Rita Mocker

Recuperando memoria a través de la oralidad

Inicié un proyecto desde la Biblioteca Pública municipal infantil Isabel Bunch de Cortés con recuperación de memoria y oralidad en el Ancianato Municipal “Monseñor Misael Gómez”, en Pacho, Cundinamarca, Colombia. 
Dentro de la selección literaria que escogí para amenizar este encuentro, llevé un fascículo que me obsequió el año pasado Rita Mocker: El Shingo enamorado y otros cuentos, de los Bibliotecarios Rurales de Cajamarca, Perú, perteneciente a la Colección Biblioteca Campesina.
Qué momento tan emocionante fue leer estos cuentos. Los adultos mayores escuchaban con atención, se reían y, poco a poco, las historias comenzaron a despertar las propias:
— A mí me pasó algo parecido.
— Señorita, esos cuentos me hacen reír.
— En los tiempos cuando yo salía a bailar…
Y entonces comprendí que la lectura había cumplido su propósito: abrir la puerta de la memoria.
Al finalizar, varias personas quisieron compartir sus propias anécdotas y cuentos. La lectura dio paso a la conversación; la conversación, al recuerdo; y el recuerdo, a la palabra.
Porque cada adulto mayor guarda un libro que no está escrito en papel: su propia historia.
Hoy quiero agradecer a la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, por el tiempo, la dedicación y el cariño con que han recopilado tantas historias campesinas y las han compartido con el resto del mundo.
Historias que viajaron desde los campos de Cajamarca hasta Pacho y que, al ser leídas en voz alta, volvieron a convertirse en memoria viva.
Bibiana Lucía Moreno