En estos tiempos de impacto de redes sociales, donde la vida parece suceder en Facebook, Tik-tok o Instagram, encontrar personas que todavía leen libros en papel, completos y hasta varias veces, es una bendición.
Hace un par de semanas, una amiga me llamó para pedirme que pasara por su casa a recoger unos libros que su hija, Sofía Genoveva, quería donar a la Red de Bibliotecas Rurales. Para ser sincera, fui con cierta cautela, porque normalmente recibimos donaciones de libros que poco nos sirven, en su mayoría textos escolares, es decir, los que el gobierno distribuye en las escuelas.
Pero esta vez me llevé una grata sorpresa. No solo encontré en Sofía Genoveva a una verdadera lectora —¡que además se dedica a escribir!—, sino también una hermosa selección de libros infantiles, de buena calidad y con contenidos valiosos.
No eran libros nuevos. Se notaba que habían pasado mil veces por las manos de alguien que se los había leído a Sofía Genoveva, y que ella misma los había hojeado y releído una y otra vez. Libros muy amados, pensé de inmediato. Y los recibí con ese mismo cariño, sabiendo que ahora otros niños tendrán la oportunidad de descubrirlos y amarlos también.
Hace unos días leí que “Escuchar cuentos no enseña a leer: enseña a querer leer”. Gracias, Sofía Genoveva y familia, por compartir con nosotros no solo sus libros, sino también este amor solidario de compartir.
Rita Mocker
Hace un par de semanas, una amiga me llamó para pedirme que pasara por su casa a recoger unos libros que su hija, Sofía Genoveva, quería donar a la Red de Bibliotecas Rurales. Para ser sincera, fui con cierta cautela, porque normalmente recibimos donaciones de libros que poco nos sirven, en su mayoría textos escolares, es decir, los que el gobierno distribuye en las escuelas.
Pero esta vez me llevé una grata sorpresa. No solo encontré en Sofía Genoveva a una verdadera lectora —¡que además se dedica a escribir!—, sino también una hermosa selección de libros infantiles, de buena calidad y con contenidos valiosos.
No eran libros nuevos. Se notaba que habían pasado mil veces por las manos de alguien que se los había leído a Sofía Genoveva, y que ella misma los había hojeado y releído una y otra vez. Libros muy amados, pensé de inmediato. Y los recibí con ese mismo cariño, sabiendo que ahora otros niños tendrán la oportunidad de descubrirlos y amarlos también.
Hace unos días leí que “Escuchar cuentos no enseña a leer: enseña a querer leer”. Gracias, Sofía Genoveva y familia, por compartir con nosotros no solo sus libros, sino también este amor solidario de compartir.
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