septiembre 16, 2026

Anotar o recordar

Por toda mi casa hay papelitos, libretas y pizarras donde anoto lo que debo recordar: las cosas que tengo que comprar, el número de una cuenta, la contraseña de qué sé yo y el trámite pendiente. En mi celular programo alarmas para no olvidarme de tomar las pastillas, hacer una llamada o ir al dentista, y mi agenda —tanto la física, un bonito cuaderno, como la virtual, en este omnipresente teléfono móvil («el nuevo espejito que nos trajeron los gringos», como dice mi amigo Grimaldo Rengifo)— está llena de notitas, cumpleaños, reuniones y otros datos «útiles».
No sé si son las exigencias del trabajo o mi miedo a olvidarme de algo, pero tengo la sensación de que, si no anoto, no existo.
Me gustaría volver a la tranquilidad y la inocencia de una vida sin tantos apuntes. Alfredo suele recordárnosla con estas palabras:
La mama Santos Valdez, yach’aqmama –madre sabia– de la comunidad de Chilimpampa, solía decirme: «Yo soy analfabeta de castellano: en quechua –la antigua lengua madre de los Andes–. Yo sí sé defenderme. Y no necesito aprender a escribir porque nosotros hemos aprendido a recordar lo que aprendemos».
Rita Mocker

Recuperando memoria a través de la oralidad

Inicié un proyecto desde la Biblioteca Pública municipal infantil Isabel Bunch de Cortés con recuperación de memoria y oralidad en el Ancianato Municipal “Monseñor Misael Gómez”, en Pacho, Cundinamarca, Colombia. 
Dentro de la selección literaria que escogí para amenizar este encuentro, llevé un fascículo que me obsequió el año pasado Rita Mocker: El Shingo enamorado y otros cuentos, de los Bibliotecarios Rurales de Cajamarca, Perú, perteneciente a la Colección Biblioteca Campesina.
Qué momento tan emocionante fue leer estos cuentos. Los adultos mayores escuchaban con atención, se reían y, poco a poco, las historias comenzaron a despertar las propias:
— A mí me pasó algo parecido.
— Señorita, esos cuentos me hacen reír.
— En los tiempos cuando yo salía a bailar…
Y entonces comprendí que la lectura había cumplido su propósito: abrir la puerta de la memoria.
Al finalizar, varias personas quisieron compartir sus propias anécdotas y cuentos. La lectura dio paso a la conversación; la conversación, al recuerdo; y el recuerdo, a la palabra.
Porque cada adulto mayor guarda un libro que no está escrito en papel: su propia historia.
Hoy quiero agradecer a la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, por el tiempo, la dedicación y el cariño con que han recopilado tantas historias campesinas y las han compartido con el resto del mundo.
Historias que viajaron desde los campos de Cajamarca hasta Pacho y que, al ser leídas en voz alta, volvieron a convertirse en memoria viva.
Bibiana Lucía Moreno

“El tío Lino” presente en nuestras aulas: El rescate y la oralidad frente a la obsolescencia

Por: Polinestor Huamán Tineo
Profesor especialista en Comunicación.

En nuestro contexto actual, vivimos fragmentados por el vértigo mediático y el consumo digital. Frente a ello, el rescate de la memoria colectiva y la tradición oral se erige como un acto fundamental de resistencia cultural. La ternura del “Tío Lino”, plasmada con maestría literaria por el poeta Mario Florián y recuperada y analizada rigurosamente por el investigador y escritor cajamarquino Alfredo Mires Ortiz, va más allá de ser una simple recopilación de picardías o anécdotas costumbristas. La obra de Mires Ortiz nos enfrenta a un fenómeno comunicativo y antropológico de profunda trascendencia: la construcción de la identidad andina a través del humor, la ironía y la palabra hablada.
1. La identidad y la práctica escolar
Hablar de identidad y práctica escolar es confrontar dos realidades que urgen de un reencuentro. Por un lado, la identidad representa nuestra memoria viva, el ingenio popular y la savia de nuestra cultura encarnada en la figura de “El Tío Lino”. Por el otro, la práctica escolar se ha encasillado demasiado a menudo en la rutina, la repetición y los contenidos importados que ignoran el entorno inmediato del estudiante. Explicar esta relación significa reconocer que la escuela no puede seguir enseñando de espaldas a su comunidad: educar con identidad no es un simple adorno, sino el cimiento indispensable para formar ciudadanos con pensamiento crítico y arraigo.
2. La aproximación al texto
Primeramente, se invitó a los estudiantes a formar un círculo en el aula. Tras narrarles costumbres familiares, historias y vivencias, uno de ellos preguntó: “Profesor, ¿por qué no lo escribe en un librito?”. Les respondí que ya estaba en proceso y que faltaba poco para publicarlo. Otro estudiante inquirió: “¿Cómo aprendió los cuentos, canciones, poesías y dedicatorias?”. La respuesta brotó de los recuerdos: "Porque me los contaban mis padres mientras trabajábamos en la chacra, en el pastoreo de los animales, durante los viajes o al caer la tarde, cuando nos sentábamos alrededor del fogón para cenar".
Ante la acotación general de que hoy en día la comunicación familiar se ha visto desplazada por el uso absorbente del celular, planteé la interrogante: “¿Qué debemos hacer entonces?”. La respuesta unánime fue pedir a nuestros familiares que nos relaten pasajes del pasado que muy poco conocemos.
En ese momento, les mostré las obras de “El Tío Lino” y les pregunté si las habían leído. Ante la negativa, compartí aspectos de su vida y leímos colectivamente uno de sus cuentos: “El relámpago del Tío Lino”. El entusiasmo fue tal que acordamos adquirir las publicaciones para el trabajo de aula.
3. Recreando la oralidad y el ingenio del Tío Lino en el aula
Para familiarizarnos con la lectura, colocamos los libros en el centro de un gran círculo. Con el propósito de motivar la escucha activa, superar la lectura pasiva e interpretar el humor y la ironía del autor, empleamos diversas estrategias: movimiento corporal, ejercicios de inhalación y exhalación, dibujo gestual, sociodramas y escritura creativa orientada a perder el miedo a hablar en público y revalorizar su identidad cultural.
Posteriormente, cada estudiante eligió libremente una lectura aplicando los momentos de comprensión lectora (antes, durante y después). Tras un momento de lectura silenciosa, pasamos a la lectura oral mediante la dinámica “La papa se quema”. Al finalizar cada intervención, el grupo aplaudía y el lector compartía las razones de su elección y la reflexión que le dejaba el texto.
Como producto de esta fase, se solicitó la redacción de un cuento corto bajo el título: “Escribiendo como el Tío Lino”. Asimismo, se propuso el rescate de la memoria familiar mediante el diálogo intergeneracional para recopilar dichos, cuentos, historias y ocurrencias locales, los cuales serán presentados por escrito o en formato digital para configurar un libro colaborativo titulado: “Rescatando Raíces desde la escuela”, conectando así con la labor fundacional de Alfredo Mires.
4. Conclusión
La obra de Alfredo Mires Ortiz sobre “El Tío Lino”, trasciende su función literaria para convertirse en una herramienta pedagógica invaluable. Nos deja una lección imperativa para el presente: la urgencia de rescatar y revalorizar nuestras memorias regionales frente a la homogeneización de la cultura de masas globalizadas. En un entorno donde los medios estandarizan los relatos, volver la mirada a autores como Mires Ortiz es un recordatorio de que la riqueza de nuestra sociedad radica en su diversidad armónica, espejo puro de lucidez y libertad.

Picnic literario

¡Muchas gracias, Red de Bibliotecas Rurales Cajamarca! Estamos muy agradecidos por los valiosos libros que comparten con nuestros niños. Recientemente disfrutamos de un hermoso Picnic Literario, donde estudiantes, padres de familia y docentes vivimos momentos de alegría, lectura y aprendizaje. ¡Gracias por contribuir a despertar en nuestros niños el amor por la lectura! 
Con cariño, la comunidad educativa de la I.E. N.° 82322 Sarín.
Agradecemos a Soledad Álvarez de la BRIE de Sarín, Cajabamba, por compartir con nosotros esta bonita vivencia.

septiembre 03, 2026

Decir

Dos páginas discutían.
La página escrita decía:
―Yo tengo algo dicho.
La página en blanco:
―Yo tengo algo que decir.
La voz las escuchaba en silencio.

Alfredo Mires Ortiz
en: El duende del laberinto

Alfredo Mires, maestro que vive para siempre en Chontas

En el presente año escolar el Ministerio de Educación convocó a todas instituciones educativas de educación básica del país a dejar de tener únicamente un número y ponernos un nombre.
De acuerdo a las normas educativas, en reunión con los padres de familia de la IEI Nº 1033 de Chontas, Sócota, Cutervo y las autoridades del lugar nos propusimos buscar un nombre de algún personaje que se haya destacado por la educación y la cultura.
Propusimos diferentes nombres de santos y otros personajes, pero cuando la profesora Marlene Paredes Gil, directora de la Institución Educativa Inicial de Chontas, contó de la vida y la memoria de Alfredo Mires Ortiz, por unanimidad elegimos honrar a este educador y antropólogo comprometido con las comunidades campesinas de Cajamarca.
Luego de consultar y pedir el permiso a la familia del señor Alfredo, quienes nos dieron el visto bueno, enviamos nuestra solicitud a la UGEL (Unidad de Gestión Educativa Local) de Cutervo para la expedición de la resolución correspondiente. Después de unos días de espera, nos llegó la resolución donde se aprobaba este cambio.
Gracias a ello, desde el mes de junio, el nombre completo de nuestra escuelita y nuestro Jardín es IEI Nº 1033 Alfredo Mires Ortíz - Chontas.
Nuestro agradecimiento va también para la familia Mires Mocker por aceptar la propuesta y por todo el esfuerzo y apoyo que realizan por las comunidades campesinas de nuestro querido Cajamarca. 
Con muchos abrazos
Profesora Marlene Paredes Gil

¿De dónde surgen las ideas?

A propósito del eslogan de la Felicaj (Feria del Libro de Cajamarca) 2026...
Entre los muchos legados que nos dejó nuestro siempre bien querido y recordado compañero Alfredo Mires, constan los títulos de nuestros libros, las expresiones que anuncian nuestro trabajo en las comunidades y las frases de animación a la lectura -algunas de ellas parafraseando versos de un poema o el dicho muy conocido de otro autor-, sin negar jamás su procedencia, su originalidad.
Pero claro, así era Alfredo y así somos en la Red: siempre reconocemos lo nuestro y agradecemos lo ajeno, cuando se nos permite utilizarlo. Lamentablemente, no todos somos iguales.
Por ejemplo, uno de los muchos escritos de Alfredo, tiene como título: La dignidad de los pueblos también es escribe leyendo, publicado en el año 2009.
Este año, vemos que la Felicaj, quizá casualmente, como sin querer, pareciera que parafraseó esta hermosa expresión y escribió: El futuro se escribe leyendo, como eslogan para su publicidad. Queda muy bien también, pero nada como el original que menciona la dignidad de los pueblos, esa dignidad que no se vende, esa dignidad que defiende la tierra, el agua, la comunidad.
Sería lindo, en el futuro, no solo coincidir con nuestras frases, sino también con nuestros principios.


agosto 16, 2026

Seguimos creciendo...

Nos complace compartir la creación de dos nuevas Bibliotecas en Institución Educativa (BRIE). Una en la IE16172, Señor Cautivo, de la comunidad rural El Espino, Sallique, con un aproximado de 92 alumnos. La segunda en la IE 16049 Inmaculada Concepción en la comunidad Rural de Montegrande. Esta IE cuenta con 630 alumnos en los niveles de primaria y secundaria. Ambas bibliotecas están ubicadas en la provincia de Jaén, departamento de Cajamarca
La creación de estas bibliotecas sirve para llevar los libros a donde más se necesitan, siendo un punto de encuentro para niños, jóvenes y docentes. Un espacio en donde el estudiante descubra el gusto por leer, aprender y compartir el conocimiento de la tradición oral cajamarquina.
Felicitamos a los profesores por la iniciativa e interés en la creación de estas bibliotecas y que nuestros libros sean la herramienta propiciadora para impulsar la lectura.

Organización y entusiasmo

El círculo se creía perfecto, hasta que se encontró con la esfera.

El duende del laberinto
Alfredo Mires Ortiz.

Sucede que, de manera natural, cada quien tiene su orden y parece que todo va bien. En la familia de Bibliotecas Rurales, aprendimos de la mano del compañero Alfredo Mires que la organización de los espacios es mucho más que mantener un orden; fortalece el compromiso y anima nuestra labor. Cuidamos los libros y ellos nos cuidan el ánimo. 
Expresamos nuestro agradecimiento a los voluntarios que con dedicación y entusiasmo hacen posible que estos espacios sigan siendo lugares de aprendizaje, encuentro e inspiración.

Auténticos patriotas

En estos días, hemos celebrado un aniversario más de la declaración de independencia de nuestro querido país. Semanas atrás, las tiendas y mercados vendían toda clase de símbolos, distintivos y adornos, muchos, incluso, “personalizados”, en tono con la última moda comercial. Y no es para menos; pues, se trata de celebrar que somos peruanos, que queremos a nuestra patria y demostrarlo en todas las formas posibles… Por ello, es necesario ir más allá de una celebración en julio, con un distintivo en el pecho y una bandera en el techo de la casa. Precisamos mostrar el patriotismo en cada acción diaria, en cada parte de nosotros y en cada centímetro de nuestro territorio.

En las comunidades cajamarquinas, los bibliotecarios y coordinadores, de las bibliotecas rurales, hacen patria todo el año: cultivan la chacrita, prestan los libros y motivan a leer a los niños y jóvenes quienes, a su vez, leen para los mayorcitos de sus familias. Los comuneros bibliotecarios respetan y protegen la tierrita plantando árboles, no por una campaña ambientalista, sino por instinto, porque les nace, y saben que todos somos uno, y que los humanos somos los invitados en esta casa.

Los bibliotecarios y coordinadores de la Red, no necesitan llevar distintivos en el pecho, pero todos los reconocemos como auténticos patriotas.