En el mes de agosto tuve la oportunidad de viajar a Colombia y compartir la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, Perú, en diferentes espacios. En mi maleta llevé historias, imágenes, preguntas y muchos años de camino compartido con los campesinos de Cajamarca.
Por invitación de nuestra amiga Isabel Henao, responsable de las bibliotecas de COMFAMA, participé en dos talleres: uno en Támesis, una pequeña y hermosa ciudad al suroeste de Medellín, y otro en un encuentro de Juntanzas, una iniciativa que reúne bibliotecas públicas, escolares, comunitarias y universitarias para trabajar juntas por el acceso a la lectura, la escritura y la información.
En ambos espacios conversamos sobre qué significa una biblioteca cuando nace de la comunidad y camina con ella. Hablé de la Red desde el corazón, de nuestra manera de entender los libros, la lectura, la cultura y la vida, y también en nombre de los campesinos y de Juan Medcalf y Alfredo Mires, sus fundadores.
También visité la IE Concejo de Medellín, en La Floresta, donde conocí a una niña que lee y escribe de manera extraordinaria. El encuentro fue posible gracias a Gustavo Oquendo, profesor de filosofía, quien meses atrás le había hablado de nuestra Red y de uno de nuestros símbolos: el Ñaupa.
Unos días después, la profesora Gloria Velásquez me recibió en la Institución Educativa Técnico Industrial Simona Duque de Marinilla, donde compartí tres talleres con estudiantes de los últimos grados. Además de contarles lo que hacemos en la Red, realizamos algunas técnicas participativas de Educación Popular para pensar y sentir juntos lo que somos y hacemos aquí, en Cajamarca, en nuestras bibliotecas.
Nunca había visto estudiantes tan interesados y atentos. Al terminar uno de los talleres, un muchacho se acercó y me preguntó muy seriamente:
—¿Y también van a abrir una Biblioteca Rural en Marinilla?
Esa pregunta me abrió el corazón. Porque quizá de eso se trata también una experiencia como la nuestra: de compartir lo aprendido durante tantos años y descubrir que, al otro lado de una frontera, alguien puede escuchar, imaginar y pensar que nuestra experiencia también podría ser suya.
Regresé a Cajamarca contenta. Pero algo nuestro se quedó por allá. Así, como debe ser.
Rita Mocker
Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca