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noviembre 17, 2010

“¡Viento maldiciao!”

Una señora venía, pasaba por el camino y qué pue el viejo estaba sque echao así en una quebradita.
Entonces la señora sque pensaba "Algún señor se ha quedado muerto, él se ha quedado durmiendo allí”, y lo llamó pue:
– Oiga, señor –sque le dijo–, ¡levántese, levántese!
Se levantó sque pue y poquito se vino el viento, le quitó el sombrero a la señora y entonces sque dijo:
– ¡Qué pue este viento maldiciao me quita mi sombrero!
Y peor sque se hizo, que se fue el viejo así y le quitó sque su ropa, lo desnudó a la señora, lo llevó su ropa lejos, pobrecita.
Con el viento viene el shapingo.
Cuando lo maldecimos peor es el viento: quiebra montes, levanta las casas, cuando se mete a una casa lo levanta el techo.
A mi abuelita el viento lo desnudó en los Baños del Inca, lo trajo su ropa y lo halló sque aquí en su casa.
El viento es enemigo, pue.
Por eso cuando venía el viento y lo llevaba la gavilla de alverja, mi abuelita decía que no dijéramos "¡Este viento maldiciao!", porque más fuerte pue se hacía.
"¡No le maldicien al viento"', decía, porque peor se hace.

Justa y Cirilo Portilla, de Ñamas

noviembre 09, 2010

La serpiente antigua

“Esa serpiente se forma de la nube y se cree que es la culebra que engañó a nuestros primeros padres, que el diablo está en el dentro y por eso hace muchos perjuicios.
Aparece en épocas de lluvia, entre diciembre y marzo, y se forma de la manera siguiente: cuando está lloviendo y en la mañana hace fuerte sol, la nube se vuelve oscura y empieza un sonido sordo con un fuerte viento. Y de la parte más oscura de la nube se forma la serpiente, tan grande como una viga, la cabeza como una olla, y empieza a arrastrarse en la nube en dirección a donde sopla el viento. Cuando descuelga la cola se forman remolinos de viento que destruye todo por donde pasa, levantando techos de casas, animales, pelando árboles y arrasando los sembrados…”
Así cuenta don Pascual Sánchez Montoya, de la comunidad de Chuco, en la provincia de San Marcos.
Si usted gusta leer la historia completa y los nueve cuentos más que le acompañan, el fascículo 18 de nuestra Biblioteca Campesina ya está en prensa y asomará bastante pronto.

septiembre 28, 2010

La candela

Un hombre le dijo a su mujer:
– Me voy a trabajar solo.
A las doce del día la mujer se fue a dalo su comida.
Asomó por una fila y vio hartotes peones y dijo:
– ¡Qué va a alcanzar mi comida! Me dijo que iba a trabajar solo y tiene hartos peones. Les dará de comer a cucharitas.
Después asomó por otra fila y vio que estaba solito.
Así preguntó:
– ¿Y en dónde están los peones? Yo te he visto de la otra fila con hartos peones.
– ¿Quién me va a ayudar? Yo solito trabajo.
Se fue dándole de comer. Asomó por la otra fila y vuelta vio lo mismo, los peones hartos.
– ¿En dónde habrán estado los peones? –decía.
En la tarde llegó su hombre y le preguntó en dónde han estado los peones.
– Nadie ha habido. Solito trabajo.
Después, un día, se sentaron en su casa los dos, y la señora se puso a despiojarlo. Él se recostó en su mishacay.
Como estaba muy sucio, la mujer agarró una taza de agua y lo lavó la cara. El hombre se asustó y se fue diciendo:
– ¡Chisssschisss, hoy sí, me hallarás en fósforos, en acero y en piedras!
La mujer decía:
– ¿Qué pue lo hice a mi marido?
Se quedó llorando.
Desde ahí, cuando se chancan las piedras, los fósforos o el fierro, siempre sale candela.
Contado por Luciano Huacchama, de Huayllapampa.
Recogido por Sigifredo Fernández Sangay, de Pariamarca.

mayo 01, 2010

Juan Perolero

(Un cuento de nuestro reciente libro “Diabluras de Cajabamba”)

Era un joven llamado Juan que vivía con su mamá y su papá. Su mamá lo dijo que se vaya a traer una vaca o un toro para que comamos, pero sólo había una ternera y tuvieron que matarlo a esa ternera.

La carne se iba perdiendo y el joven Perolero le dijo a su mamá que carne ya no hay y todo el ganado se está perdiendo.

El joven todos los días se iba a ver su ganado con su antara y su laciadera. De ver que su carne no había y que seguía perdiéndose, el joven dijo:

– Hoy no me voy a la jalca, voy a esconderme para coger al ladrón y ver quién lo lleva mi carne.

Se escondió y, cuando estaba oscureciendo, Juan dijo:

– Por allá viene el cojudo, viene a mi casa.

Juan Perolero lo pescó al individuo y ése era el sol.

Lo pescó, lo metió a un poto de chiclayo y lo puso a su cuyero. Se oscureció y toda la gente se fueron a su cama.

La gente de tanto dormir se aburrían.

Un patrón le dijo a su muchacho:

– Anda y lo preguntas al Juan Perolero tal vez lo ha visto al sol. Dile que a nosotros ya no nos viene el sueño.

Cuando le preguntaron, el joven Juan le dijo:

– A ese cojudo lo tengo encerrao en mi cuyero.

Entonces el muchacho regresó junto a su patrón y le dijo:

– Amito, dice el Juan Perolero que él lo ha ocultado al sol.

Entonces el patrón dijo:

– Díganle que lo vamos a dar un toro, pero por favor que lo largue al sol.

Contado por Roberto Chíquez Paredes, 61 años de edad

Recogido por Erica García Chíquez, 12 años de edad

marzo 20, 2010

¿Cuál de estos rayos habrá sido?

Este 17 de marzo hubo tormenta grande en Cajamarca. No sólo llovió de bruces y a cántaros, sino que el aguacerito cayó de costado, de manera que entró por ventanas y puertas sin descanso.
Y los rayos, truenos y relámpagos se lucieron. Uno de ellos quemó algunas de nuestras máquinas.
Así que hemos estado recordando lo que nos contaban nuestros mayores(y que publicamos en nuestro libro “Todos los tiempos”).
Dice Fernando Godoy, de Magdalena:
El diablo es desobediente. Cuando el cielo se nubla y el aguacero cae por la bendición de Dios, el diablo aburrido y mojado no sabe dónde meterse.
Y como no tiene dónde, aprovecha la oscuridad de la niebla para esconderse; pero Dios no lo consiente, coge su caballo blanco y juete en la mano lo corre a juetazos al diablo. Cada juetazo que cae en su cuerpo truena y saca luces, saca chispas.
Dice José Isabel Ayay, de Chilimpampa:
Dicen que hay un señor que se llama San Felipe. Dicen que él está agarrado de una escopeta, y cuando San Pedro comienza a mandar el granizo, el San Felipe está diciendo: "¿Ónde están los diablos, ónde están los diablos?" Porque los diablos tienen frío y corren a esconderse.
Cuando el San Felipe lo ve a un diablo, dicen que pues manda un balazo. Por eso es el trueno, dice, el rayo. Así me contaba mi abuelita.
A los diablos le dan, dice. Los diablos dicen que se esconden al pie de uno, de una persona, y entonces al dar su balazo al diablo, dicen que tira a una persona.
Dice Javier Huamán L., de El Enterador:
Bueno también dicen que hay San Martín y otro es San Francisco, que echan bala de un sitio a otro, al enemigo. Por eso hay truenos que se producen al sur, y hay otros que protegen al otro lao, al norte. Cuando solamente refleja la luz, nosotros le llamamos centella o relámpago, y decimos "Está lloviendo en otros sitios, a nuestro sitio no va a llover luego, va a demorar la lluvia".
Una buena oración para que no nos mate el trueno es:
Santa Bárbara doncella,
líbranos de esta centella.
Dice Alfonso Rodríguez, de El Auque:
Todos dicen que hay truenos. La centella que se ve es Diosito que está sentao echando su bolo y prende su cigarro. Ahí centella dicen.
Cuando oyen sonar ¡Talán, talalalán talalalán! es que Dios lo manda a San Pablo que corre arrastrau un pellejo por sobre de las piedras, arriba en el cielo.
Varios dicen "¡Viene la bala, viene la bala, nos quema!”
¡Claro, cómo no va a quemar si es el pucho de los cigarros!

El pozo de Santa Clara

En la jalca de La Selva había un dominio onde mandaba el príncipe Kuán.
Ahí había harto progreso y el príncipe tenía la costumbre de sentarse siempre mirando al cielo y las estrellas, porque así veía a su novia.
Entón se llegó a enamorar de la princesa Tantarica.
Kuán decidió casarse con ella y se va entonces con su padre llevándole regalos al rey Tantarica para pedirle la mano de la princesa, lo que le fue negado.
Entón el padre del príncipe Kuán se da cuenta que el rey Tantarica era egoísta y ambicioso, y ve que tenía terrenos en la costa sin agua; entón le ofrece ponerle agua pa regar esas tierras y así iba a ser un poderoso señor, pero de vuelta tenía que ofrecer el matrimonio de la princesa con su hijo Kuán.
Fiesta hubo. El rey Tantarica aceptó... los príncipes regresan a sus tierras y empiezan a hacer un canalazo de regar por debajo de la tierra, desde la altura de Cascabamba hasta los dominios de los Cuismancos.
El rey Tantarica que estaba en una torre de su palacio vio que se venía un agual, entón el príncipe Kuán regresa para que se haga el matrimonio con la princesa Tantarica, el cual fue das negado por el rey.
El príncipe regresó molesto y empezó el trabajo pa desviar el agua que hasta nuestros días sigue fluyendo en el valle de Santa Clara.
Ahora de ahí toma agua el pueblo de Tembladera.
Contado por Jacinto Julca Chilón, de Tembladera
Recogido por Guillermo Namoc Durán.

febrero 20, 2010

Cuentos de Cajabamba

Nuestra Secretaría de Capacitación y Producción de Materiales está preparando la publicación de un libro de cuentos recopilados por el Profesor Miguel Rodríguez Roncal y sus alumnos de la comunidad de Pingo. Aquí un pequeño avance:

Érase una vez un señor que era rosariero y que siempre andaba por la Laguna Negra. Nunca le había pasado nada, hasta que una noche muy de noche, volviendo de hacer un rosario de pronto se le apareció el diablo y le dijo:

– Hola, amigo.

– Hola –respondió el señor asustado.

Le dijo el diablo:

– Vamos, amigo, que me acompañes a traer un muerto.

El señor le respondió:

– Ahorita tengo que irme a mi casa.

– No te preocupes, vamos y te vuelves y te vas a tu casa.

Se fueron y llegaron a una quebrada. El diablo le dijo:

– Espérame aquí, agarra la mula y no te vayas ir.

El diablo se fue a traer el muerto. De un rato asomó el diablo cargao el muerto y le dijo:

– Sube a la mula y recíbeme el muerto para que me suba.

El hombre agarró el muerto, subió el diablo y se fueron.

El diablo por el camino iba comiendo los dedos del muerto.

Llegaron a su cueva, bajaron el muerto y le dijo el diablo al señor:

– Ahora puedes irte. Agarra un poco de arena.

El hombre le dijo:

– No estoy loco, ¿porque voy a coger arena?

– Pesca –le dijo el diablo.

El hombre agarró la arena y en sus manos se volvió oro. Llenó a su alforja y se fue feliz a su casa.

Contado por Paulina Bazalar Aro, 56 años de edad

Recogido por Lucía Paredes Casamayor, 11 años de edad

noviembre 29, 2009

Una viuda que fue feliz

Este cuento fue narrado por don Martín, de Araqueda, y recogido por Gabriel Ponce, de Cajabamba:
En una casa vivía una viuda con sus hijitos, y vivía sábelo Dios cómo. Pero un día llegó un viejecito que le dijo:
– Tal vez tenga comidita que me diera.
No tengo nada –contestó la viuda–, sólo una gallinita; pero si tiene hambre, la mataré a fin de que no se váyaste así.
El viejo contestó:
– Mátalo, pero todas las plumas no las vayas a botar, sino más bien, entiérralas.
Y así lo hizo.
Comió el viejito y se fue, pero antes de irse le dijo:
– Dios te ha de dar muchas gallinas por ser tan compadecida.
Al día siguiente, por la madrugada, cantaban muchos gallos. Y en esto se despertó la señora y encontró que todas las plumas se habían convertido en gallinas, gallos y pollitos.
Desde ese momento la señora tuvo comida para toda su vida.
Seguramente fue Dios que esos tiempos andaba.

noviembre 14, 2009

Cómo dirige la hoja de coca

Cuenta don Marcial Huamán de Luichucolpa y don César Julón de El Enterador:
Para que un médico cure a un enfermo también tiene que poner su armada (bolo de coca). Para que empiece a curar le va conversando a la coca, le dice:
– Coquita, aquí me vas a contar y me vas a decir la pura verdad.
Si lo voy a sacar a este enfermo me endulzarás, coquita miel ni que miel, que si no lo voy a sanar me amargarás, coca marco ni que marco (hoja muy amarga).
Los médicos también lo conversan a la coca para que den sus remedios. Si acaso la coca les amarga, no se comprometen a dar remedio, pero si les endulza sí dan ese remedio.
Muchos campesinos tienen experiencia en la coca para que hagan cualquier contrato o cualquier negocio. En esta forma no van a tener ninguna pérdida porque tienen quien los guíe.

Es como ver la suerte, digamos, también con la coca.
El maestro dice:
– Vamos a ver, coquita de siete virtudes que Dios te ha dado, dime la pura verdad, si este enfermo se sana o no...
El maestro le da su resuello tres veces.
– Si se sana me endulzas azúcar ni qué azúcar y si me va a ir mal te harás marco ni que marco. Vamos a ver, en nombre de Dios y de la Virgen Santísima, quiero que me digas la verdad.

septiembre 17, 2009

La madre del agua

(Cuento aparecido en “La peña del cura y otros cuentos”, el fascículo Nº 17 de nuestra Biblioteca Campesina)
No hace muchos años, dicen que un señor estaba sombreando al pie de una planta de naranja y se apareció una gallina con una tanda de pollitos que brillaban mucho y le quitaban la vista.
Él pensó dizque en no tocarlo ni espantarlo y dizque se perdieron por debajo de una piedra grande que era casa de gentil.
En el mismo lugar, un poquito al lado, hay una agüita naciente que en las lunas llenas y en las lunas verdes hace mucho ruido.
Cerca del agua hay una choza de unos vivientes y cada que faltaban salía una enorme serpiente por sobre de los montes.
Un día se va el papá de los niños a trabajar un rato y dice:
– Ahora lo voy a mirar ese animal si es verdá o mienten mis chicos.
Trabaja un poco y se va a mirar: no había nada. De rato en rato se iba a trabajar; cerca de las doce del día se va nuevamente y lo ve a la serpiente acercándose a la choza
– ¡Ahora sí lo mato! –dizque dijo el hombre y se fue sacando el machete a dale, cuando se resbaló dizque por sobre de las pencas bajada abajo.
Él se quedó asustado. Sus chicos dizque le dicen:
– Ya ve, papá: no hablamos mentiras.
Entonces el señor pensó y dijo:
– Éste es el demonio, quiere tentarlo a mis hijos.
Dicidió hacerlo bendecir. Se dirigió a la casa del catequista Raymundo Silva a suplicarle que vaya al lugar a bendecir ese sitio malo.
El catequista casi no le cree y le dice:
– Si tienes fe en mis oraciones, vamos.
Se van una mañana bien temprano, en ayunas, y el catequista hace la bendición con toda fe y sus riquisitos.
Al mes completo desaparece el agua, entonces dijo el dueño del terreno:
– ¡Malaya que traje al catequista y ahora no vamos a tener agua para tomar! Pero no importa, tal es que no fastidie el demonio a mis hijos.
Otra vez lo hace bendecir sus plantas de naranjas, medio dudoso, y resulta que ya estaban secándose las plantas. Piensa y dice:
– Yo creo que la madre de este terreno está por acá. Mejor voy a salir a otro lado a vivir.
Y salió a Pueblo Nuevo.

Contado por Clemente Vásquez López, de Cortegana, Celendín.
Recogido por Antonio Agustín Silva Goycochea, de Andamachay.

agosto 08, 2009

Nuestros mayores cuentan I


La piedra y el zorro

El zorro andaba burlándose de una piedra que se hallaba en el camino. Cada vez que pasaba lo decía:
– Ya es hora que te boten de aquí porque mucho estorbas; como no puedes moverte, no sirves para nada.
Un día la piedra se cansó de soportar tanto insulto y lo desafía al zorro.
– Dices que soy inútil. Hagamos una apuesta en carrera a ver quién gana.
El zorro, seguro de ganar la apuesta, acepta. La piedra, que se encontraba al filo del cerro, lo dice:
– Correremos de bajada.
Y el zorro, medio vivo, maliciando dice:
– Vua traer una soga para que corramos juntos, porque tú segurito que me vas a engañar, porque ni patas tienes. No sé cómo podrás correr.
El zorro amarró a la piedra del centro y él se amarró del cuello.
– Correré yo primero –dijo el zorro zonzo.
Empezó la carrera. El zorro jaló y la piedra, en cada vuelta que daba por la pendiente del cerro, golpeaba al competidor.
Cuando terminó la carrera el zorro estaba todo destrozado y muerto.
Así, sin tener patas, la piedra ganó la apuesta.

Contado por Cruz Huaccha, de Paccha Chica Alta.Recogido por Aurora Portal, de Pariamarca