Varias veces al año, subimos como familia al apu Qayaqpuma para hacer nuestro all’pata paguikun, nuestra ofrenda a la tierra, a las montañas y a los difuntos. Es una forma de estar cerca de la naturaleza y del espíritu de Alfredo, quien amaba esta montaña. Es una manera de dejar atrás –aunque sea por un momento– la ciudad y la llamada “civilización” (tengo una amiga que lo llama “sifilización”) y es una posibilidad de encontrar tranquilidad y paz en un lugar muy especial.
Cada vez que voy hay algo que no había visto en la visita anterior, algo que me duele: chacras invadiendo el apu, una carretera que antes no había, construcciones que no se mimetizan en nada con el hermoso paisaje o la hiriente vista a un tajo abierto de alguna empresa minera. No sé si el Qayaqpuma seguirá siendo el mismo en unos diez o veinte años. Nadie lo puede saber. Por el afán de “vivir más cerca de la naturaleza” o de “promover el turismo”, los humanos invadimos sin escrúpulos a estos últimos recintos saludables y sagrados y dejamos nuestra huella de la indiferencia. Parece que la gente se olvida que la naturaleza no es un basurero sino nuestra gran casa común.
Agradezco la compañía de Mara y Mateo en esta salida quienes, sin hacer ruido al respecto, en el camino de regreso se dedicaron a recoger toda la basura que encontraron. Si hubiera más humanos como ellos, el mundo sería otro.
Rita Mocker
Cada vez que voy hay algo que no había visto en la visita anterior, algo que me duele: chacras invadiendo el apu, una carretera que antes no había, construcciones que no se mimetizan en nada con el hermoso paisaje o la hiriente vista a un tajo abierto de alguna empresa minera. No sé si el Qayaqpuma seguirá siendo el mismo en unos diez o veinte años. Nadie lo puede saber. Por el afán de “vivir más cerca de la naturaleza” o de “promover el turismo”, los humanos invadimos sin escrúpulos a estos últimos recintos saludables y sagrados y dejamos nuestra huella de la indiferencia. Parece que la gente se olvida que la naturaleza no es un basurero sino nuestra gran casa común.
Agradezco la compañía de Mara y Mateo en esta salida quienes, sin hacer ruido al respecto, en el camino de regreso se dedicaron a recoger toda la basura que encontraron. Si hubiera más humanos como ellos, el mundo sería otro.
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