mayo 31, 2023

Del principio al comienzo

Hace unas semanas me mudé y, como en el crecer hay cosas que se quedan y otras que se van, decidí donar algunos de mis juguetes y mis libros; así que me encaminé con mi morral y mis zapatos viejos. Salí de mi casa junto con Mara para dejar huella en la tierra y, quizás sin quererlo, también en las mentes. Pero, lo que menos me esperaba es que Mara y yo fuésemos marcados con el recuerdo. 
Vivo en Marinilla, un pueblo de Antioquia, Colombia; aquí se le conoce orgullosamente como la Esparta Colombiana, donde en épocas de revolución el pueblo luchaba con estrategia y audacia, donde libertadores como José María Córdova murió. Y yo, junto con Mara, la hija menor de Alfredo Mires, con la intención de alegrarle la tarde a algunos niños con juguetes, quizá a algunos con un libro, recorriendo las calles en las que muchos años atrás germinaba una de las cunas de la libertad y sin pensar mucho en todo lo que el observar y preguntar puede cambiar en mí y en lo que se observa.
Llevaba mi morral lleno de libros, algunos de los cuales no había leído y otros que había leído más de 3 veces y, tras caminar por unas cuantas horas por las zonas rurales y las librerías de Marinilla, llegamos a “Un lugar de la Mancha Café-Libros”. Esta es una cafetería única en el pueblo, pues para llegar tienes que atravesar un estrecho corredor, subir unas escaleras e ir con cuidado, pues, en cada escalón, estante, silla, mesa y hasta en el suelo hay al menos un libro esperándote.
Así que, cansados y con frío, nos tomamos un café, Mara miraba algunos de los libros que estaban en las estanterías, habían desde libros de historia, comedia, literatura, hasta diccionarios, pero, curiosa y casi que mágicamente ella logró ver el lomo de un libro, uno que se le hacía familiar, sin pensarlo mucho lo tomó y vió que se trataba de Qayaqpuma, el tomo cuatro escrito por Alfredo Mires, nos tomó incluso un momento para creer que de sus manos llegara a las nuestras, que desde el principio de la Red, llegara a nuestro comienzo.
Juntos recorrimos el pueblo, las calles y las librerías, pero ¿cuál fue el camino que tomó este libro para llegar aquí? ¿A nosotros? Tal vez su historia sea más simple y corta de lo que creo, pero, quizá este libro también estuvo en un morral como el mío, tal vez quien lo dejó ahí, recorrió Perú, atravesó Colombia y llegó a ese pequeño pueblo, tal vez este libro también recorrió calles que en algún momento se llenaron de gloria y anhelos, esta persona quizá se tomó un café como el mío y dejó ir lo que Alfredo escribió para que llegara a otras mentes, para que cambiara lo que se observa.
Mateo Oquendo Velásquez

Día de canje en Bibliotecas Rurales

Aunque las Bibliotecas Rurales me son conocidas desde sus inicios, recién el 16 de abril de este año 2023 tuve la oportunidad de observar y participar en el cierre de una asamblea del equipo central de Bibliotecas y bibliotecarios venidos de varios puntos de Cajamarca.
El 16 de abril fue también la conmemoración de los seis meses del fallecimiento de Alfredo, fundador con John Medcalf de esta obra que trasciende las fronteras de Cajamarca y del Perú.
Al cierre de la asamblea, la Sala Mayor de Bibliotecas se transformó de pronto en una biblioteca con cientos de libros, perfectamente distribuidos según los temas. Ahí había libros para todos los intereses de los bibliotecarios, que conocen lo que sus comunidades quieren y necesitan: salud, abonos, crianza de animales, literatura peruana y universal, religión y muchos temas más. Sobre el estrado, sobre llicllas multicolores, estaban el mayor tesoro de Bibliotecas Rurales: los libros que contienen el rescate de infinidad de elementos culturales del mundo rural cajamarquino. Cada tomo fue trabajado a conciencia y con minuciosidad, por Alfredo, los bibliotecarios, los ancianos de las comunidades y el aporte bienvenido de todos los que tenían algo que brindar. Esta Biblioteca Campesina es un compendio de la sabiduría rural con temas que van desde las pinturas rupestres hasta relatos ancestrales que oralmente se han mantenido de generación en generación. No sé de otra entidad que con tanta meticulosidad y empeño haya rescatado las muchas facetas del saber del mundo rural.
Terminada la asamblea y armada la biblioteca, vino el momento del canje. Cada bibliotecario podía escoger todos los libros que deseara para llevar a su comunidad, previa devolución de los que llevara la vez anterior. Sin embargo, son muy pocos los libros que se devuelven, no por picardía o pérdida, sino porque los libros ya forman parte de las comunidades, se convierten en fuente de consulta, en su propia historia, cultura y cosmovisión y quieren tenerlos cerca, en la vivienda del bibliotecario al que pueden recurrir en cualquier momento.
Habían dispuesto de cajas de cartón porque hubo bibliotecarios que llevaron entre treinta a cuarenta libros. Lo que más buscaban eran libros sobre salud, sobre cultivos, sobre historia, religión e incluso literatura. Un bibliotecario buscaba afanosamente las obras del Padre Miguel Garnett y le pude ayudar a encontrar tres de sus obras.
Entre seleccionar, rellenar las hojas donde apuntan los libros que llevan y su código, y el embalaje, fácilmente pasaron unas dos horas. En todo ese tiempo, Rita, Rumi, Karina, Lola, y los voluntarios de la Red estaban a disposición de los bibliotecarios ayudándoles a encontrar lo que necesitaban, sugiriendo, recomendando…
Los libros sobre el estrado, es decir las publicaciones de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, los tomaban a manos llenas.
Todos, sin excepción, llevaron los últimos tres libros que Alfredo dejó listos para su publicación: “Ser comuneros”, “Piedras vivas, pueblos vivos” y “Pedro Urdemales en Cajamarca”. Habían sido presentados pocos días antes en una hermosa ceremonia que fue un homenaje a la capacidad de Alfredo de trabajar hasta sus últimos momentos.
Terminó la acción canje con una minga: más de quince en cadena regresaron los libros al almacén, otros limpiaban, otros doblaban las mantas y juntaban carteles.
Una hermosa experiencia de cómo el interés por el saber, con el vehículo de los libros, va echando raíces en nuestro mundo rural cajamarquino. Y todo en un ambiente de cálida fraternidad.
Mónica Buse

Cuando el Apu se encontró entre Libros y Nubes

Nacemos despojados, con mucha inocencia y capacidad de asombro. Luego nos imponen el cemento y poco a poco nos perdemos… mucho tiempo pasa antes de caer en cuenta en este hecho. 
Sin embargo, a veces la vida se entreteje para que encontremos a las personas y espacios correctos. Para que esto suceda hay un paso importante que dar: “aprender sobre la voluntad y el agradecimiento con la vida”. Partiendo de aquí podemos decir que, en el camino, hemos encontrado amigos y aliados entrañables.
Soy miembro de una Asociación Cultural llamada APU. Este es un grupo humano comprometido con la gestión y promoción cultural desde la vida comunitaria. En uno de los caminos que hemos transitado desde nuestro comienzo nos encontramos con la familia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca. Este encuentro maravilloso y el vínculo que hemos creado se debe a nuestras visiones en común: nuestra voluntad de trabajar en comunidad y el agradecimiento a nuestra tierra, a nuestras raíces y a nuestra cultura. 
Este andar también nos llevó a conocer a Alfredo Mires Ortiz, con el que tuvimos la oportunidad de compartir espacios, conversaciones y formas nuevas de ver el mundo. 
De estas formas y añoranzas nacieron caminos, nacieron ideales, nacieron sueños y, al final, surgió un nuevo compromiso: el de sumarnos a los esfuerzos para, juntos, ver ese mundo soñado por la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca y, con ello, el entrañable cariño por los bibliotecarios, los comuneros, la minga, los Apus, el Ayllu y todos los vivientes que dan impulso y resuello a este camino que nos junta.
Mauricio Pérez

Visitando el punto de partida

El Puma convocador, la montaña tutelar de Cajamarca, el amado Qayaqpuma, nos abrió sus puertas algunas semanas atrás.
No tuvimos que dar explicaciones sobre nuestro origen, nuestras pretensiones o nuestro estado, solo abrió uno de sus recodos y nos invitó a visitarlo, acompañarlo y recorrerlo.
Así llegamos, algunos voluntarios de la Red y de la Asociación Cultural APU, con la botella de agua al hombro, el corazón lleno de sueños, deseos, experiencias por compartir.
En aquel espacio lleno de calma, recordaba lo que nos decía Ciro Alegría a través de Lucas Vilca en "La Serpiente de Oro" sobre aquel hombre que muere a mitad del viaje por no saber bien el punto de llegada y haberse olvidado del punto de partida. Así, sentí que estábamos en el camino correcto, en el tiempo y espacio adecuados para re-sentir nuestras andanzas.
En el camino hacia la cima hallamos tumbas de abuelos nuestros, saqueadas, pinturas impregnadas en rocas infinitas,renacuajos aprovechado las fuentes de agua limpia y pasando allí su última etapa antes de mudarse a los peñascos como ranas y sapos. Quindecitos llamaban nuestra atención, bromelias, orquídeas, flores silvestres y plantas medicinales nos acompañaban en todo el recorrido.
Después de mucho tiempo he vuelto a sentir ese placer que solo se encuentra cuando se anda en el camino correcto.

abril 29, 2023

Otra será la luz

Otra será la luz
cuando amanezca
en el amanecer
que amanezcamos

Alfredo Mires Ortiz
“La ensoñación el Ñaupa”

Con los awajún en la jalca

Algunas veces podemos vivir aprendizajes extraordinarios. 
Así me pasó, a mediados de abril, cuando nos encontramos con un grupo de jóvenes awajún, de la selva de Moyobamba, en Chota para pasar un par de días en las alturas, visitando algunas de nuestras Bibliotecas Rurales.
Esta pasantía se dio gracias a la amistad que une, hace décadas, a Grimaldo Rengifo y Alfredo Mires, a PRATEC (Proyecto Andino de Tecnologías Campesinas) y Bibliotecas Rurales. El año pasado, basándose en nuestro trabajo, PRATEC incluyó la formación de bibliotecas en comunidades selváticas en su programa de trabajo.
Y ahí estábamos, entonces, con esos jóvenes de la selva, visitando a los compañeros bibliotecarios de los andes: amigos descalzos que dejaron la siembra de papa por un rato para explicar cómo funciona su biblioteca rural o señoras del campo de Chota, envueltas en su chale para protegerse del aguacero y del frío de las alturas, para organizar con nosotros un círculo de lectura.
Lo que más me impresionó fue el franco interés de los visitantes awajún: su capacidad de concentración, de escucha, de preguntas, de comparar y compartir; su esfuerzo para comprender, para leer bien, para dejar que nuestra experiencia les penetre. Los vi padecer por el clima implacable a casi 4000 m.s.n.m., por las comidas tan diferentes, por intentar entender un idioma tan distinto al suyo, por querer comunicarnos sus costumbres y sus esfuerzos para proteger el bosque amazónico y recuperar sus tradiciones ancestrales. Y nos vi reír, con la cara contenta, cuando nos dimos cuenta que tenemos las mismas visiones, ideales y sueños. 
Gracias por estos días, por haber sido parte de este ayllu, de esta comunidad.
Rita Mocker

¡Aquí les presentamos!

¡Qué difícil hablar de nuevos libros en la Red de Bibliotecas Rurales sin mencionar a nuestro querido compañero Alfredo Mires! Y es que, este viernes 14 de abril, lanzamos tres nuevas publicaciones gracias al inmenso legado que él nos dejó.
Piedras vivas, pueblos vivos: Arte rupestre y prehistoria andina, libro presentado por nuestro compañero Abel Vásquez, voluntario de la Red. Él, como acompañante de Alfredo en tantas de sus caminatas, conoce de cerca los sentimientos que este libro transmite, esa relación filial, afectiva y trascendente del hombre con la naturaleza que Alfredo percibe y concibe en sus incansables caminatas. Don Abel resaltó “la capacidad del autor de entender y hacer entender que las piedras donde están las huellas de nuestros abuelos, tienen vida e inspiran a las comunidades”.
Pedro Urdemales de Cajamarca. Nathalie Estrada ilustró y presentó este valioso regalo en el que Alfredo nos hace conocer a este personaje pícaro y engañoso. Tramposo, como decimos nosotros. Un libro para disfrutar y conocer mucho más la relación de nuestra cultura con las otras culturas de mundo. Nos dice Nathalie que estas narraciones no son ajenas a nosotros, llegaron a nuestras comunidades, encontraron un lugar y muchos crecimos escuchándolas. Así estará en nuestra memoria lo que nos contaban nuestros abuelos y padres acerca de aquel burrito que orinaba monedas de plata; o aquel estafado que se tomaba toda el agua del pozo, bajo la promesa de encontrar un rico queso, que no era más que el reflejo de la luna llena. Estas fueron algunas de las artimañas de Pedro, a quien Alfredo Mires nombró como el “teje provechos”.
Ser comuneros. Don Grimaldo Rengifo, amigo de Alfredo, de tantos años y de tantos andares, fue quien presentó este libro, que forma parte de nuestra serie Nosotros los Cajamarquinos. Grimaldo señala con mucha claridad y contundencia el contenido de Ser comuneros y menciona: testimonios, desafíos, el llamado a afirmar la comunidad. Cómo es que en este libro se reintegra lo que durante todos estos años se ha venido hablando en la Red acerca del sentido de la comunidad. Se recalca el concepto de ayllu, la relación de todo lo que existe en la comunidad, la relación de los humanos con la naturaleza y cómo todo pasa a ser parte de la familia. Se hace ver que el concepto de comunidad es mucho más amplio que el sentido de la sociedad.
Para saber más de estos tres nuevos miembros libros de la familia, visítenos en la Red de Bibliotecas Rurales.

Reforzando sentires

La resiliencia debería ser más codiciada que la plata y la valentía más apreciada que el oro.
En donde se desarrolla el "sálvese quien pueda", en donde primero está el yo y después el yo también, es extraordinario ver y sentirse parte de esta comunidad que busca dar con razón y sin codicia: simplemente dar.
La donación de libros por parte de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca no se limita en la palabra "donación"; porque es mucho más: es esfuerzo, es tiempo, es amor al conocimiento y al saber de la vida, es voluntad.
Reforzando los libros que llegarán a manos de los bibliotecarios de las comunidades, a las manos de quienes quieren saber, al saber de los curiosos; una se pregunta por cuántas cajas, mochilas y alforjas pasarán estas páginas que guardan conocimiento tan rico, esperando su viaje eterno.
Respeto y admiro el trabajo de esta asociación, que es todos sus integrantes; aunque mi visión aún es muy joven creo poder notar que estos actos humanos son los que mantendrán la cordura de quienes aún la deseen conservar y compartir.

Amor, responsabilidad y El Principito

En la obra de Antoine de Saint Exupéry, el zorro y la rosa enseñan al Principito qué es el amor y la responsabilidad. Con palabras sencillas y una capacidad increíble de dibujar ejemplos aprendemos de la importancia de ser únicos, de pasar tiempo juntos, del “domesticar” y de los ritos.
Cuando trabajamos con niños con condiciones especiales sabemos que esos detalles son fundamentales para su desarrollo y desenvolvimiento, para su aprendizaje y formación.
Como padres de estos niños, a veces es difícil enfocar con claridad nuestros esfuerzos y ampliar nuestro amor a sus “necesidades especiales”. Es por eso que, desde el Programa Comunitario, intentamos acompañar a los padres en esta tarea. Con los años hemos elaborado formas y estrategias específicas para este acompañamiento que, con mucho gusto, compartimos con otras entidades y organizaciones afines con Bibliotecas Rurales. No contar con locales especiales, el trabajo voluntario o el programa “Leer para los otros” forman parte de estas estrategias, como también los conceptos del ayllu, el cuidado de la madre tierra o la comprensión de que, en nuestra cultura andina, “todo es persona”
El miércoles, 19 de abril, la responsable de Programa Comunitario de la Red de Bibliotecas Rurales tuvo la oportunidad de colaborar en un taller para padres de familia con hijos con alguna discapacidad, organizado por CREBE: Centro de Recursos de Educación Básica Especial, Cajamarca, que tuvo lugar en el Centro de Educación Básica Especial, de Cajamarca.
Sólo se ve bien con el corazón.
Lo esencial es invisible a los ojos.

¿Inicio, nudo, desenlace?

A veces, en las redes sociales, encontramos cosas interesantes, preocupantes, dudosas, graciosas y algunas otras con las cuales podemos identificarnos o, simplemente, estar de acuerdo.
Fue así que, hace algunos días, encontramos este post (cuyo autor desconocemos)
Como docentes, desde que nuestros estudiantes empiezan a desarrollar su proceso de producción de textos, enseñamos que un texto narrativo tiene tres momentos: inicio, nudo, desenlace. Y lo hacemos con mucha insistencia, hasta que logren interiorizarlos, identificarlos en la lectura de un cuento y replicarlos en sus propias producciones orales y escritas. Pero olvidamos decirles que no es lo único cierto y que, en el proceso de creación y de desarrollo de la imaginación, puede haber muchos más momentos.
Quizá, los maestros, debemos volver a leer esos exquisitos cuentos rusos que tienen, dentro del nudo, otros inicios, otros nudos, y otros más dentro de los anteriores. Volver a leer otras tantas obras literarias cargadas de muchos inicios, nudos y desenlaces, husmear en nuestra propia historia y en la de nuestros pueblos. Entonces, nos daremos cuenta de que limitar la narración a un solo inicio, un nudo y un desenlace, es como limitar la vida misma a una sola y aburrida existencia.
Desde la Red, apostamos siempre por muchos inicios, muchos nudos y muchos desenlaces, en cada una de nuestras historias y de nuestras producciones.