Por: Polinestor Huamán Tineo
Profesor especialista en Comunicación.
En nuestro contexto actual, vivimos fragmentados por el vértigo mediático y el consumo digital. Frente a ello, el rescate de la memoria colectiva y la tradición oral se erige como un acto fundamental de resistencia cultural. La ternura del “Tío Lino”, plasmada con maestría literaria por el poeta Mario Florián y recuperada y analizada rigurosamente por el investigador y escritor cajamarquino Alfredo Mires Ortiz, va más allá de ser una simple recopilación de picardías o anécdotas costumbristas. La obra de Mires Ortiz nos enfrenta a un fenómeno comunicativo y antropológico de profunda trascendencia: la construcción de la identidad andina a través del humor, la ironía y la palabra hablada.
1. La identidad y la práctica escolar
Hablar de identidad y práctica escolar es confrontar dos realidades que urgen de un reencuentro. Por un lado, la identidad representa nuestra memoria viva, el ingenio popular y la savia de nuestra cultura encarnada en la figura de “El Tío Lino”. Por el otro, la práctica escolar se ha encasillado demasiado a menudo en la rutina, la repetición y los contenidos importados que ignoran el entorno inmediato del estudiante. Explicar esta relación significa reconocer que la escuela no puede seguir enseñando de espaldas a su comunidad: educar con identidad no es un simple adorno, sino el cimiento indispensable para formar ciudadanos con pensamiento crítico y arraigo.
2. La aproximación al texto
Primeramente, se invitó a los estudiantes a formar un círculo en el aula. Tras narrarles costumbres familiares, historias y vivencias, uno de ellos preguntó: “Profesor, ¿por qué no lo escribe en un librito?”. Les respondí que ya estaba en proceso y que faltaba poco para publicarlo. Otro estudiante inquirió: “¿Cómo aprendió los cuentos, canciones, poesías y dedicatorias?”. La respuesta brotó de los recuerdos: "Porque me los contaban mis padres mientras trabajábamos en la chacra, en el pastoreo de los animales, durante los viajes o al caer la tarde, cuando nos sentábamos alrededor del fogón para cenar".
Ante la acotación general de que hoy en día la comunicación familiar se ha visto desplazada por el uso absorbente del celular, planteé la interrogante: “¿Qué debemos hacer entonces?”. La respuesta unánime fue pedir a nuestros familiares que nos relaten pasajes del pasado que muy poco conocemos.
En ese momento, les mostré las obras de “El Tío Lino” y les pregunté si las habían leído. Ante la negativa, compartí aspectos de su vida y leímos colectivamente uno de sus cuentos: “El relámpago del Tío Lino”. El entusiasmo fue tal que acordamos adquirir las publicaciones para el trabajo de aula.
3. Recreando la oralidad y el ingenio del Tío Lino en el aula
Para familiarizarnos con la lectura, colocamos los libros en el centro de un gran círculo. Con el propósito de motivar la escucha activa, superar la lectura pasiva e interpretar el humor y la ironía del autor, empleamos diversas estrategias: movimiento corporal, ejercicios de inhalación y exhalación, dibujo gestual, sociodramas y escritura creativa orientada a perder el miedo a hablar en público y revalorizar su identidad cultural.
Posteriormente, cada estudiante eligió libremente una lectura aplicando los momentos de comprensión lectora (antes, durante y después). Tras un momento de lectura silenciosa, pasamos a la lectura oral mediante la dinámica “La papa se quema”. Al finalizar cada intervención, el grupo aplaudía y el lector compartía las razones de su elección y la reflexión que le dejaba el texto.
Como producto de esta fase, se solicitó la redacción de un cuento corto bajo el título: “Escribiendo como el Tío Lino”. Asimismo, se propuso el rescate de la memoria familiar mediante el diálogo intergeneracional para recopilar dichos, cuentos, historias y ocurrencias locales, los cuales serán presentados por escrito o en formato digital para configurar un libro colaborativo titulado: “Rescatando Raíces desde la escuela”, conectando así con la labor fundacional de Alfredo Mires.
4. Conclusión
La obra de Alfredo Mires Ortiz sobre “El Tío Lino”, trasciende su función literaria para convertirse en una herramienta pedagógica invaluable. Nos deja una lección imperativa para el presente: la urgencia de rescatar y revalorizar nuestras memorias regionales frente a la homogeneización de la cultura de masas globalizadas. En un entorno donde los medios estandarizan los relatos, volver la mirada a autores como Mires Ortiz es un recordatorio de que la riqueza de nuestra sociedad radica en su diversidad armónica, espejo puro de lucidez y libertad.
Profesor especialista en Comunicación.
En nuestro contexto actual, vivimos fragmentados por el vértigo mediático y el consumo digital. Frente a ello, el rescate de la memoria colectiva y la tradición oral se erige como un acto fundamental de resistencia cultural. La ternura del “Tío Lino”, plasmada con maestría literaria por el poeta Mario Florián y recuperada y analizada rigurosamente por el investigador y escritor cajamarquino Alfredo Mires Ortiz, va más allá de ser una simple recopilación de picardías o anécdotas costumbristas. La obra de Mires Ortiz nos enfrenta a un fenómeno comunicativo y antropológico de profunda trascendencia: la construcción de la identidad andina a través del humor, la ironía y la palabra hablada.
1. La identidad y la práctica escolar
Hablar de identidad y práctica escolar es confrontar dos realidades que urgen de un reencuentro. Por un lado, la identidad representa nuestra memoria viva, el ingenio popular y la savia de nuestra cultura encarnada en la figura de “El Tío Lino”. Por el otro, la práctica escolar se ha encasillado demasiado a menudo en la rutina, la repetición y los contenidos importados que ignoran el entorno inmediato del estudiante. Explicar esta relación significa reconocer que la escuela no puede seguir enseñando de espaldas a su comunidad: educar con identidad no es un simple adorno, sino el cimiento indispensable para formar ciudadanos con pensamiento crítico y arraigo.
2. La aproximación al texto
Primeramente, se invitó a los estudiantes a formar un círculo en el aula. Tras narrarles costumbres familiares, historias y vivencias, uno de ellos preguntó: “Profesor, ¿por qué no lo escribe en un librito?”. Les respondí que ya estaba en proceso y que faltaba poco para publicarlo. Otro estudiante inquirió: “¿Cómo aprendió los cuentos, canciones, poesías y dedicatorias?”. La respuesta brotó de los recuerdos: "Porque me los contaban mis padres mientras trabajábamos en la chacra, en el pastoreo de los animales, durante los viajes o al caer la tarde, cuando nos sentábamos alrededor del fogón para cenar".
Ante la acotación general de que hoy en día la comunicación familiar se ha visto desplazada por el uso absorbente del celular, planteé la interrogante: “¿Qué debemos hacer entonces?”. La respuesta unánime fue pedir a nuestros familiares que nos relaten pasajes del pasado que muy poco conocemos.
En ese momento, les mostré las obras de “El Tío Lino” y les pregunté si las habían leído. Ante la negativa, compartí aspectos de su vida y leímos colectivamente uno de sus cuentos: “El relámpago del Tío Lino”. El entusiasmo fue tal que acordamos adquirir las publicaciones para el trabajo de aula.
3. Recreando la oralidad y el ingenio del Tío Lino en el aula
Para familiarizarnos con la lectura, colocamos los libros en el centro de un gran círculo. Con el propósito de motivar la escucha activa, superar la lectura pasiva e interpretar el humor y la ironía del autor, empleamos diversas estrategias: movimiento corporal, ejercicios de inhalación y exhalación, dibujo gestual, sociodramas y escritura creativa orientada a perder el miedo a hablar en público y revalorizar su identidad cultural.
Posteriormente, cada estudiante eligió libremente una lectura aplicando los momentos de comprensión lectora (antes, durante y después). Tras un momento de lectura silenciosa, pasamos a la lectura oral mediante la dinámica “La papa se quema”. Al finalizar cada intervención, el grupo aplaudía y el lector compartía las razones de su elección y la reflexión que le dejaba el texto.
Como producto de esta fase, se solicitó la redacción de un cuento corto bajo el título: “Escribiendo como el Tío Lino”. Asimismo, se propuso el rescate de la memoria familiar mediante el diálogo intergeneracional para recopilar dichos, cuentos, historias y ocurrencias locales, los cuales serán presentados por escrito o en formato digital para configurar un libro colaborativo titulado: “Rescatando Raíces desde la escuela”, conectando así con la labor fundacional de Alfredo Mires.
4. Conclusión
La obra de Alfredo Mires Ortiz sobre “El Tío Lino”, trasciende su función literaria para convertirse en una herramienta pedagógica invaluable. Nos deja una lección imperativa para el presente: la urgencia de rescatar y revalorizar nuestras memorias regionales frente a la homogeneización de la cultura de masas globalizadas. En un entorno donde los medios estandarizan los relatos, volver la mirada a autores como Mires Ortiz es un recordatorio de que la riqueza de nuestra sociedad radica en su diversidad armónica, espejo puro de lucidez y libertad.

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