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Victoria en la tierra y en el cielo

Victoria Palma Huamán era comunera en la jalca de Jadibamba. Incontables veces supimos de su generosidad y de la dedicación a los suyos.
Victoria era la inseparable compañera de nuestro querido amigo Marcial Huamán Lara, Coordinador de Bibliotecas Rurales del sector Llaucán y del Programa Comunitario.
Victoria ha fallecido, descansa ahora de sus padecimientos intensos; pero no sólo de los dolores que su enfermedad le causaba, sino de sus pesares por el ineficiente e injusto sistema de atención que impera en nuestro país.
Nuestro compañero Marcial ha quedado ahora a cargo de sus seis niños. Y quedan en una comunidad amenazada de ver desaparecer el agua y la tierra que los sustentan. Y amenazado el ambiente también se vulneran la dignidad y los derechos.
De la jalca donde viven viene la portentosa diversidad de tubérculos andinos y la leche con la que se hacen los quesos que tanto caracterizan a Cajamarca. Se ven los productos, pero no parece verse el admirable trabajo de gente como Victoria, de los pobres que proveen las mesas y los banquetes.
Hacemos nuestra yupa y estás entre nosotros, hermana, Victoria.

Leer cada palabra
CHACRA (o chagra, chajra) es una palabra quechua asumida en el idioma español con el significado de “Alquería o granja”.
Para los propios chacareros, chacra es sinónimo de fuente primordial y crianza, es querencia y sustento, es heredad y principio. “Sin chacra no hay vida”, dicen los comuneros.
Pero es también universidad, es la academia fundamental donde se regenera la vida, donde se inician los aprendizajes, donde se revitaliza la ancestralidad de la cultura y se pone en práctica la sabiduría fecunda; donde se aferran todas las esperanzas de la supervivencia comunitaria.
Así, resulta poco menos que insultante cuando por crasa ignorancia –en un país agrícola como el nuestro– alguien profiere deportivamente expresiones como “Maneja esa dependencia como si fuera su chacra”, como sinónimo de propietarismo arrogado y negligente.
Harían bien en informarse –antes de hablar– y contextuarse. Porque una chacra en la comunidad se labora con ternura y con empeño, con fino conocimiento y altísima dedicación.
Y son esas chacras, al fin, las que realmente le quitan el hambre al mundo.
De modo que, como dice la copla:
Enjuáguese usted la boca
invierta un poco en pensar
y fumigue sus prejuicios
si de chacra viene a hablar.

¡Está vivo!
El mishawarwar o floripondio misha (brugmansia arbórea) cuida la casa y florea todo el año. En la tradición campesina de Cajamarca, un árbol de mishawarwar es centinela: empieza a silbar o simula una conversación para dar la impresión que hay alguien en la casa.
Algunos maestros grandes (“brujos”) saben de los remedios grandes que se preparan con las hojas y con las flores; y en muchos otros pueblos –tanto de las sierras como del Amazonas– esta plantita forma una parte importante de la cosmovisión y las prácticas “shamánicas”.
Hace ya muchos años, nuestro compañero Alfredo trajo semillas de mishawarwar de un árbol apu de la comunidad de Cutaxi; de esas cuantitas semillas fuimos haciendo la cría y sembramos tres plantas en la sede de nuestra Red.
Este año, el árbol guardián ya había alcanzado más de cinco metros cuando empezó a morirse: una enredadera de poroporo y otra de granadilla –al parecer– lo habían ahogado sin que nos percatáramos.
Con mucho pesar, en el mes de febrero tuvimos que cortar el árbol ya completamente seco, aunque por terca esperanza dejamos el tocón.
Pero las plantas, como toda la tierra, nos educan, nos aleccionan. Nos dicen que nunca hay que dar nada por sentado y que nunca todo está acabado. Que la vida es una bronca prodigiosa…
Hace unos días, el sequísimo tocón empezó a llenarse de brotes verdes. Y desde las incontenibles raíces, un brote vigoroso ha roto un bloque de cemento para brotar.
Gracias, Maestro mishawarwar: entendemos que la lucha por la vida es incesante. Y más.




