noviembre 14, 2009

Cómo dirige la hoja de coca

Cuenta don Marcial Huamán de Luichucolpa y don César Julón de El Enterador:
Para que un médico cure a un enfermo también tiene que poner su armada (bolo de coca). Para que empiece a curar le va conversando a la coca, le dice:
– Coquita, aquí me vas a contar y me vas a decir la pura verdad.
Si lo voy a sacar a este enfermo me endulzarás, coquita miel ni que miel, que si no lo voy a sanar me amargarás, coca marco ni que marco (hoja muy amarga).
Los médicos también lo conversan a la coca para que den sus remedios. Si acaso la coca les amarga, no se comprometen a dar remedio, pero si les endulza sí dan ese remedio.
Muchos campesinos tienen experiencia en la coca para que hagan cualquier contrato o cualquier negocio. En esta forma no van a tener ninguna pérdida porque tienen quien los guíe.

Es como ver la suerte, digamos, también con la coca.
El maestro dice:
– Vamos a ver, coquita de siete virtudes que Dios te ha dado, dime la pura verdad, si este enfermo se sana o no...
El maestro le da su resuello tres veces.
– Si se sana me endulzas azúcar ni qué azúcar y si me va a ir mal te harás marco ni que marco. Vamos a ver, en nombre de Dios y de la Virgen Santísima, quiero que me digas la verdad.

Cambio climático y conocimiento andino en Cajamarca

A inicios de este año, Alfredo Mires Ortiz presentó una conferencia en el marco del foro “Cambio climático, ordenamiento territorial y gestión de riesgos en el desarrollo regional para la reducción de la pobreza”, organizado por diversas instituciones cajamarquinas.
Amigos de la Red nos han solicitado difundir todo el texto de la conferencia. Aquí presentamos sólo algunos extractos:

Un punto de partida elemental para comprender la percepción que desde el campo podemos tener sobre el cambio climático, es la filiación de los seres humanos con la naturaleza, en la que todo vive y todo juega un papel fundamental para la salud de la tierra. Esto significa que el cosmos y todo lo que en él habita no puede ser considerado como un recurso, sino como parte del entramado filial o tejido vivo llamado ‘comunidad’.
Implica formas de relación basadas en la crianza y la reciprocidad, en el diálogo y la equivalencia, así como en la gratitud y la gratuidad, pero no en la explotación y el lucro, no en el aniquilamiento ni en la acumulación.
Se comprenderá lo chocante que puede resultar cuando, a través de los medios de incomunicación, escuchamos expresiones como “la furia de la naturaleza”, o “la inclemencia del tiempo”. Más aún cuando, desde esta filiación con todo lo que anida en la comunidad, las señales de los cambios en el tiempo son enunciadas por los cerros, las plantas, los animales, los vientos y hasta el color y la textura de las hojas y las aguas.
Es la presencia del agua la que marca el ritmo de los tiempos y los quehaceres agrícolas. Es una relación absolutamente diferente a la que se tiene en las ciudades, donde uno puede ir al baño unas seis veces al día, tirar la palanca del retrete sin un ápice de consciencia y arrojar al desagüe cada vez unos doce litros de agua, la misma cantidad que se necesitaría para sostener una familia de cuatro personas en el campo.
Pero todo este ritmo de sístoles y diástoles comunitarias evidentemente están cambiando, y esto es fácil de percibir porque la alteración de los indicadores o señales naturales es estrictamente proporcional a la alteración de los ritmos agrícolas. “El tiempo se ha vuelto loco”, se escucha decir en los campos; y el oír “Este año sí es para quejarse” se va volviendo más constante.
La desaparición de especies (sobre todo de los sapos o ampatu, relacionados míticamente con las pléyades), es una evidencia simbólica y real de los cambios climáticos y la desaparición de las aguas. El desvanecimiento de manantiales, la reducción del volumen del agua en las acequias, la contaminación de los ríos y la pérdida paulatina y consecuente de los rituales y prácticas culturales relacionadas con el agua, ratifican agudamente estos cambios.
Y el cambio de los tiempos implica a la vez alteraciones de orden ético, azuzadas por modelos consumistas, por el protervo endiosamiento de las industrias extractivas, la estimulación de competitividades individualistas y la instauración como paradigma del “sálvese quien pueda”.
La percepción de los cambios climáticos son –en este momento– una constante real de preocupación en las comunidades campesinas de Cajamarca, pero esta preocupación se da desde la visión filial de lo que puede ocurrir con la tierra como madre y con el mundo como ser vivo; no como un riesgo de pérdida funcional de la naturaleza, es decir por la inminente carencia de los “recursos no renovables” en desmedro de los humanos.
Estos cambios climáticos, al mismo tiempo, se evidencian como una cadena con eslabones de destrucción, corrupción, enfermedades y francas perturbaciones en las formas tradicionales de vivir de las comunidades. Es indudable que la desnaturalización del hombre conlleva a la desacralización del mundo y la cosificación de la naturaleza incuba la propensión a dominarla y destruirla.
De manera que no nos hallamos frente a la amenaza de un desastre, sino frente a un desastre permanente. O, como leí alguna vez en un sabio grafiti, “Las inundaciones no se producen porque los ríos crecen, sino por que el país se hunde".
Tenemos una fortuna inmensa que nos han legado nuestros mayores: proteger la cultura significa proteger la naturaleza en la que anida. Esto significa que si se altera la naturaleza, se altera a la vez la posibilidad de ser leída. Y viceversa. Si se altera el paisaje, es como si se alteraran las páginas de este prodigioso libro escrito armónicamente con las pinceladas diestras de las comunidades fraternas.
La restitución de los componentes identitarios y el robustecimiento de los conocimientos colectivos son también una tarea de dignificación y de defensa de los derechos de las comunidades campesinas: la justicia no puede seguir siendo como las víboras que sólo muerden los pies descalzos.

noviembre 11, 2009

El Programa Comunitario

Nos escriben preguntando cuál es la relación del Programa Comunitario (o Programa para el Acompañamiento de niños con Capacidades Proyectables) con nuestra Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca.
Respondemos: el Programa es parte de la Red.
La Red, como organización, tiene Programas de Trabajo que dedican sus esfuerzos a aspectos específicos de la realidad campesina, en el marco de sus principios y metodología. Uno de ellos es el Programa Comunitario, que acompaña en el propio campo a los niños llamados “discapacitados”.
Pero, ¿qué tienen que ver “bibliotecas” con “discapacitados”?
Todo. Para comprenderlo primero debe desmontarse la idea clásica de biblioteca como sinónimo de almacén de libros.
Nuestra Red es un movimiento cultural indígena-campesino que no se sujeta a los discursos hegemónicos ni a las estructuras preconcebidas oficialmente.
Las Bibliotecas Rurales de Cajamarca tienen a la comunidad como punto de partida. Y la comunidad es nuestro punto de llegada.
Y los niños “discapacitados” son parte vital de nuestras comunidades. No son personas aparte a las que hay que “incluir”.
A nivel orgánico, la Red tiene tres Secretarías. La Secretaría de Capacitación y Producción de Materiales es la que abarca a los Programas de extensión. Uno de ellos es el Programa Comunitario.

Libro Solidario

A inicios de este año –y gracias a la intercesión de Laura Lucio– pudimos conocer y ponernos en contacto con Solidarios para el Desarrollo, una organización de la sociedad civil vinculada a la Universidad Complutense de Madrid y que entre sus objetivos prioritarios están el voluntariado social, la cooperación con los pueblos empobrecidos del Sur y la sensibilización de la sociedad en temas de justicia social y solidaridad.
Una de las áreas de trabajo de Solidarios es el programa de cooperación del Libro Solidario, que envía bibliotecas a países del Sur bajo la convicción de que los libros son un factor de desarrollo y que desde la comunicación y la cultura se puede lograr un mundo más justo y equitativo.
María Muñoz Coronado, técnica responsable del programa, está convencida que, entre todos, ¡otro mundo es posible!
Con María hicimos todas las coordinaciones para contar con una donación de libros. Y 60 cajas salieron rumbo a Perú este 1º de agosto. Unos 20 días han tardado por mar de España a Lima, ¡pero más de 2 meses de Lima a Cajamarca!
La burocracia local se puso muy empeñosa para hallar trabas y exquisita en sus requisitos para poder retirar los libros.
En sus casi 40 años de existencia, nuestra organización nunca ha recibido el más mínimo apoyo del Estado peruano. Y encima tenemos que capear la indecencia de su ineptitud.
Afortunadamente, la solidaridad se abre paso y los esfuerzos fraternos nos aúnan más todavía.
Los libros son herramientas que abren el mundo para compartirlo. Eso lo sabemos en cuerpo y alma en el campo de Cajamarca.

Animando a proteger el patrimonio

En las comunidades aledañas al Apu Qayaqpuma –la montaña sagrada que alberga unos 400 paneles con pinturas rupestres–, nuestra Red ha difundido afiches animando a proteger el patrimonio tanto natural como cultural.
Aquí compartimos otro de ellos.

La espalda del clima

En abril de este año, la Red encargó a Alfredo Mires diseñar una exposición fotográfico-textual sobre el cambio climático, la misma que fue exhibida en coordinación con el Grupo de Formación e Intervención para el Desarrollo Sostenible – GRUFIDES y otras entidades cajamarquinas.
Aunque la exposición se llevó a cabo en una sala de la ciudad durante un mes, ha continuado su periplo en varias provincias y lugares de Cajamarca, con la asistencia de escolares y público en general.
El texto de apertura señala:
Existe el riesgo de abordar el tema del cambio climático sólo como un tema, como una cuestión anecdótica y esporádica, paisajística y de moda, como una historia de nadie y una vadeable culpa de todos.
Pero este cambio está aquí, en medio de todo, hijo legítimo de una devastación que no cesa, con rostro y con cuerpo propio.
"La espalda del clima" pretende mostrar no sólo el azote, sino el reverso: volver a mirar y a mirarnos, tratando de comprender el cambio climático como un espejo. Y como un desafío”.

octubre 04, 2009

Bagua, por junio 5

¿Dónde yace el centinela
del oxígeno del mundo?
– En su jardín incendiado,
en el dolor más profundo.

¿Por qué ha sido asesinado
con su pluma, con su lanza?
– Para robarle la flor
la sonrisa, la esperanza.

¿Y dónde está la consciencia
del que cobra por su muerte?
– Ése engendro no la tiene,
él nació sin esa suerte.

¿Ahora quién hará justicia?
¿O también esto se olvida?
– Su muerte es tu propia muerte.
Su vida también tu vida.

Alfredo Mires, de Cajamarca

octubre 01, 2009

Animando a leer

En los caminos hacia alguna de las más de seiscientas comunidades en las que nos encontramos, así como en las propias Bibliotecas Rurales en las casas de los comuneros bibliotecarios, se pueden hallar afiches animando a la lectura. Aquí compartimos uno de ellos, en cuyo texto –tomado de la Carta del jefe indio Seattle–, dice:
“Deben enseñar a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos.
Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes, a fin de que sepan respetarla.
Enseñen a sus hijos, como nosotros hemos enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre.
Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos
de la tierra.
Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos”.
¡¡No te quedes en esta página!! Sigue leyendo en tu biblioteca…

¿Quién es “discapacitado”? I

Rosabel nació en el caserío de La Providencia, en Sócota, distrito de la Provincia de Cutervo. Su parto fue largo y difícil. La asfixia que sufrió en estos momentos le marcó con un cuadro de Parálisis Cerebral Infantil.
La familia de Rosabel es muy humilde. Vive de lo que produce su chacra: maíz, papa, menestras, trigo y –como el clima es templado–, también tienen árboles frutales. En días especiales comen huevos y, muy de vez en cuando, alguna gallina o un cuy. Pero eso ya es fiesta.
En el año 2006, cuando nuestro Programa Comunitario inició su labor en Sócota, Rosabel se integró a través de la coordinadora Liliana Díaz, que a su vez trabaja como enfermera en el Centro de Salud de esta localidad. En aquel tiempo, Rosabel era una niña que no podía moverse por sí sola y dependía totalmente de las atenciones y cuidados de su mamá y otros familiares. Tampoco se relacionaba mucho con los demás y no se le entendía cuando hablaba, aunque sí notamos que es una niña sumamente inteligente.
Al principio, el trabajo de Liliana en Sócota no fue fácil. A pesar de sus conocimientos médicos, ella nunca había trabajado en el acompañamiento y la atención de niños “discapacitados”. Felizmente contó con el apoyo de su esposo, Igor Irigoín, quien ya se había incorporado como voluntario en el trabajo de la Red de Bibliotecas Rurales y conocía los principios que rigen nuestra labor: el respeto a la tierra, la consideración a las tradiciones culturales andinas, el acompañar a los más humildes y la toma de decisiones desde, con y para la comunidad.
No sabemos qué hacer”, nos dijeron Liliana e Igor las primeras veces. Luego, las constantes capacitaciones de los coordinadores del Programa –tanto en Cajamarca como durante las diversas visitas a Sócota–, junto al enorme interés que ambos tomaron para auto-capacitarse, han ayudado a superar esta dificultad. Igualmente aprendieron –y siguen aprendiendo– de los mismos ‘Juanitos’ y sus familiares.
A partir de la terapia aplicada, Rosabel ha mejorado notablemente. Ahora ha aprendido a moverse sola, se sienta con autonomía (por sí sola), ha logrado pararse y da sus dos primeros pasos. Aprendió a comer sin ayuda, lavarse y vestirse por su cuenta, lo cual le da mucha independencia.
Además de la terapia realizada con Rosabel, Liliana e Igor orientaron a los familiares para que le enseñen a hacer actividades en la casa. Actualmente, cuando visitamos a Rosabel, la encontramos desgranando maíz, frijoles o alverjas. También ayuda a cocinar, lavar la ropa y a mantener limpia su casa. Da de comer a los animales (gallinas, cuyes, gato, perro) y cuida la casa y el jardín cuando los demás salen fuera.
Creo que la evolución que ha logrado alcanzar Rosabel ha sido principalmente gracias a que la familia comprendió e interiorizó las actividades y la propuesta del Programa Comunitario”, comentó Igor durante nuestra última reunión de Evaluación y Planificación anual.
Y es verdad: Hoy la familia se siente muy contenta. ¡Brota por todos lados la felicidad de tener a una niña tan especial! A esto se suma el extraordinario sentido de humor de Rosabel que contagia a todos.
Viendo la situación económica de la familia, Liliana e Igor solicitaron el apoyo de “La honda de David”, asociación de amigos solidarios en Alemania, con la finalidad de conseguir una parte de dinero para comprar un ternerito. Ahora, después de más de dos años, es un toro muy manso al que Rosabel da de comer. El toro trabaja en la chacra y en la molienda de caña de azúcar que repercute en una ayuda inmensa para la familia.
Nuestra propuesta para continuar acompañando a Rosabel y aliviar el cuidado para su familia es conseguir de la misma manera un burrito para que Rosabel pueda recorrer distancias más largas sin que su madre tenga que cargarla en la espalda. Vemos necesaria esta inversión ya que la niña es cada vez más grande.

¿Quién es “discapacitado”? II

Un gran problema seguía siendo la independencia de Rosabel para ir al baño. La familia usaba una de las letrinas estándar que proporcionan los programas oficiales de sanidad ambiental. Estas letrinas son muy estrechas y no cuentan ni con asiento ni con la posibilidad de colocar asideros porque sus paredes están hechas de calaminas.
Junto con la familia logramos diseñar una letrina adaptada para Rosabel que no sólo ofrece más espacio (para que Rosabel pueda ser acompañada, si fuese necesario), sino también tiene un asiento sencillo de madera y varios asideros para facilitar el uso para la niña. Esta letrina fue construida por los padres con el apoyo de Igor y algunos comuneros.
Creemos que esta letrina no sólo le aligera la vida a Rosabel y su familia. La minga que se hizo para construirla sirvió también a los demás comuneros: ¡han crecido en aspectos técnicos, pero más aún han aprendido algo importante a raíz de uno de los miembros más humildes de su comunidad!
También mejoró la vida social de Rosabel, su familia y los demás comuneros. Mucha gente que conoció a Rosabel cuando era pequeñita no pueden creer al verla hoy en su casa realizando tantas cosas. Muchos comuneros incluso la visitan para conversar con ella o también para entregarle algún poquito de maíz, papa, y se sorprenden de su sabiduría.
Para comprender esta dimensión es necesario resaltar el trabajo que realizan Liliana e Igor a nivel comunitario. Han formado un Grupo de Padres (de niños “discapacitados”) sólido donde discuten sobre la importancia que tienen los Juanitos en la familia y la comunidad, tocan temas específicos de rehabilitación y terapia (masajes, terapia de lenguaje) y otros como desnutrición, alimentación balanceada, desparasitación y contaminación ambiental. También ofrecen sesiones de videos sobre personas “discapacitadas” y temáticas similares. Los padres de Rosabel son miembros importantes y reconocidos en este Grupo.
El equipo del Programa Comunitario de Sócota que empezó únicamente con Liliana hoy es más grande. Igor ya no sólo apoya nuestra labor sino atiende a sus “propios” Juanitos. A finales del año 2008 se integró también Abel Vásquez en nuestra labor. Él, apoyado por su esposa Marlene, atiende a 5 Juanitos en el sector de San Luis de la Lucma, a una hora de Sócota.
Como Responsable de este Programa me conmovieron sobremanera algunos comentarios de este equipo. Uno fue el texto que mandó la mamá de una niña de Sócota en su hojita de monitoreo. Ella escribe: “El milagro que Carol experimentó durante su permanencia en el Programa fue que empezó a realizar cosas que antes no podía, como jugar u ordenar sus cosas. Sobre todo mejoró su equilibrio para caminar; ahí se notó más su cambio. Lamentablemente Carol tenía una enfermedad incurable que llevó a su muerte el 06 de diciembre del 2008”.
Liliana e Igor, en su informe del presente año escribieron: “Todo nuestro trabajo está inspirado en los niños que con sus tiernas miradas nos enseñan lo grande y profunda que es la vida y también en usted, que con su trabajo y entrega permanente nos enseña a querer a estas personas y nos hizo ver lo difícil, pero también lo hermoso y profundo de esta labor”.
Rita Mocker, Responsable del Programa Comunitario