octubre 18, 2010

Los Seres del Más Acá

Hace ya algunos años tomé contacto con la Red de Bibliotecas Rurales para participar en un encuentro sobre educación intercultural; pero durante ese encuentro mi sorpresa fue más grande aún cuando descubrí que –casi sin querer– había llegado al lugar en donde habían rescatado muchas de las historias que me han acompañado durante un tiempo muy importante en mi vida.
Ya hace algunos años, mi abuelo me regaló un libro muy interesante, con tradiciones de Cajamarca, llamado “Los seres del más acá”, narraciones que junto con mis hermanos nos transportaban a lugares que no conocíamos pero que de alguna manera se nos hacían familiares, cuentos como el del lugar por el que no se puede pasar solo a partir de las diez de la noche –por el Tragadero de Molinopampa–, donde se pierde el agua que viene del Llanguat, porque existe una chancha con sus diez crías que sale por el río; si uno pasa por ahí resulta en el Tragadero, en una puerta que al pasarla voluntariamente se encuentra con tres ramas que conducen a Llanguat, otra sale a Callacate y la otra sale en Limón. Es así que esa chancha no desaparecerá hasta cuando el mundo se termine.
O como el de la cabecita, de aquella mujer que se acostó con sed y no tomó agua; por la noche su cabeza se arrancó en busca de agua… Este cuento era un clásico para nosotros. Es así que, religiosamente, junto con mis hermanos antes de acostarnos tomábamos agüita, por si las dudas.
Fue muy bueno poder recordar estas historias que para ese momento (ya crecida) había olvidado muchas de ellas, pero que tienen un gran significado para la vida de uno.
Reencontrarse con esos ‘seres del más acá’ de alguna manera nos conectan con nuestra historia y nos hacen recordar quiénes somos, ya que quizás con el trascurso del tiempo y las nuevas ocupaciones que con la edad uno adquiere y el hecho de que hemos crecido en la ciudad, olvidamos de lo importante que es el compartir y de la gran familia que formamos parte, esa familia que no solo está compuesta por personas sino también por los animales, la chacra, las semillas, los pájaros, el agua.
Casi por curiosidad fui acercándome a Bibliotecas, a esas experiencias tan interesantes como el compartir con Don José Isabel, conocer de sus saberes, aprender de ese cariño tan especial que le tienen a la tierra, saber que los cerros no son sólo piedras sino que ellos son “farmacias universales”, o son muy buenas para dar señales y, sobre todo, el querer aprender un poquito más.
Hoy en día esta cercanía me ha servido mucho en el trabajo que desempeño, trabajo que a veces se torna difícil por intereses de algunos poderosos que constantemente buscan romper la unidad de las comunidades en busca de su propio beneficio.
Trato de compartir estas experiencias y narraciones con otras personas que a veces enfrentan situaciones difíciles, pero que de alguna manera cuando escuchan el fruto del trabajo que ustedes, los Bibliotecarios Rurales de Cajamarca, desempeñan, en algunas situaciones reencuentran sus motivos para mantenerse constantes y firmes en su lucha, de querer seguir viviendo en Ayllu.
Es por esto que agradezco que me hayan hecho un espacito en sus vidas, para poder aprender y compartir.
Gracias por todas sus enseñanzas y felicito el esfuerzo de ustedes, de querer seguir rescatando y compartiendo la tradición oral cajamarquina.
Ofelia Vargas Cerna

1 comentario:

Anónimo dijo...

Cuantos recuerdos de aquel libro "los seres del más acá" durante mucho tiempo leí una tras otra las historias que en aquel se encontraban, desde la ultima vez que estuve en cajamarca (estudiando la primaria) hasta ahora que sigo mis estudios universitarios no eh podido encontrar este libro, espero poder tenerlo al menos por archivo pdf o algo parecido porque deseo volver a disfrutar de leyendas típicas de la región, un saludo para la autora de este post.

QUE VIVA CAJAMARCA :D

- José Carlos -