septiembre 15, 2015

Bibliotecas Rurales para la paz en Colombia

Colombia necesitó más de cincuenta años de guerra para darse cuenta que una política agraria responsable es indispensable para generar desarrollo en el país y apagar el combustible de la guerra.
Así lo demuestra el primer punto aprobado en las negociaciones que se están adelantando en La Habana, Cuba, entre la guerrilla de las FARC y el gobierno nacional. Y no es para menos. Los resultados del último censo rural revelan la magnitud de la brecha que existe entre el campo y los centros urbanos del país: para comenzar, el 20% de la población rural entre 5 y 16 años no asiste a ninguna institución educativa; el 72% de la gente joven entre 17 y 24 años no tiene acceso a la educación; y más de un 11% de la población campesina mayor de 15 años, no sabe leer y escribir. Según el índice de pobreza del campo, éste es del 44%, el doble del registro nacional y casi tres veces más que el índice de pobreza urbana que, para el año 2014, estaba en un 15%.
Con dicha situación, el Estado colombiano tendrá que hacer un esfuerzo mayor para impulsar políticas agrarias encaminadas a generar riqueza en las zonas rurales para las familias campesinas, y tendría que enfocarse en mejorar las condiciones educativas en el sector rural.
El XXV Encuentro Nacional de Bibliotecas de las Cajas de Compensación Familiar, “Bibliotecas para el Posconflicto”, realizado recientemente en la ciudad de Yopal – Casanare, dejó en claro que las bibliotecas rurales podrían constituirse en una importante estrategia para llegar a los lugares más apartados de Colombia.
Alfredo Mires Ortiz, antropólogo, Gestor y Asesor Ejecutivo de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca, Perú, estuvo en el evento de bibliotecas y brindó algunas pistas relacionadas con su experiencia en el campo, en la zona andina, al norte de Perú. Una de las cosas que más llamó la atención en el encuentro de bibliotecas, fue su visión política de la lectura, como un asunto de dignificación de los campesinos. Con ejemplos claros, Alfredo Mires ilustró el mal que viene aquejando a las personas que habitan las zonas rurales, partiendo de la discriminación a que han sido sometidos desde tiempos de la colonia española; como muestra de ello, Alfredo “sacudió” a los asistentes haciendo referencia a los significados despectivos que se obtienen incluso del diccionario sobre la palabra rural.
Pero Alfredo Mires fue mucho más allá de la crítica y enfocó su conferencia en su maravillosa labor realizada en el campo: La Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca es una organización sin ánimo de lucro, que se constituye en movimiento educativo y cultural desde 1971, sustentado por campesinos de la región cajamarquina, empeñados en rescatar sus valores ancestrales, utilizando como herramientas el libro y la tradición oral. Dicha experiencia se desarrolla mediante diferentes trabajos educativos en relación al analfabetismo como tal y analfabetismo funcional, lo que permite desarrollar entre la población las capacidades reflexivas a través de la lectura y su aplicación en el diario vivir. La Red de Bibliotecas Rurales se ha adaptado al medio de la zona andina y es orientado por los mismos campesinos, bajo unos principios básicos de canje de libros, trabajo voluntario, decisiones de la comunidad y la ausencia de burocracia.
Sin embargo, a mi juicio, lo más importante de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca es que los libros que se intercambian no solo son aquellos clásicos de la literatura universal, que nos cuentan historias acaecidas en otros lugares del mundo y escritos en épocas remotas. Los libros que se intercambias en las zonas rurales de Cajamarca son los que han sido escritos desde las entrañas de las mismas comunidades, como una forma de prolongar su tradición oral y sus costumbres ancestrales. La profusa Biblioteca Campesina de la región cajamarquina cuenta con innumerables títulos que exaltan la tradición y la dignidad de un pueblo que se resiste a sucumbir ante la avalancha de la modernidad y la globalización. Así, le han dedicado muchas páginas a sus tejidos, a sus prendas, al barro, a sus danzas, su música, sus mitos, la forma de concebir del tiempo, la familia, la medicina, los animales y, por supuesto, la madre tierra; el mejor libro que existe y que requiere ser leído permanentemente porque constituye la fuente primaria de vida y de sustento.
Así concibe la comunidad, el Proyecto Enciclopedia Campesina, de Cajamarca, Perú:
“Las tradiciones orales en nuestras comunidades son una fortuna. Esos saberes son la creatividad y la riqueza de nuestra cultura. Nosotros rescatamos estos testimonios en todas las comunidades, en el camino de escribir nuestra propia historia. Estamos recogiendo los cuentos y costumbres para alumbrarnos, educarnos y animar a todos a revalorar nuestra cultura mediante el Proyecto Enciclopedia Campesina”.
En tal sentido, la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca (Perú) es una experiencia de trabajo digno de tener en cuenta en Colombia de cara al Posconflicto. El mayor reto ahora del Estado colombiano, es devolverle al campo la dignidad que se merece, propiciando estrategias que permitan dejar de verlo como una simple despensa donde se producen alimentos o se extraen hidrocarburos; es entender la riqueza que tienen los pueblos campesinos, su cultura, sus tradiciones y costumbres; propiciando desarrollo para que la gente regrese al campo y viva el campo...
Wilson Flórez Valencia
Presidente Red de Bibliotecas de las Cajas de Compensación Familiar

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