mayo 25, 2018

La cuenca y la voz

El viernes 19 de abril del año 2018, partimos 4 docentes y 66 estudiantes del Instituto Superior Pedagógico Víctor Andrés Belaunde, de Jaén, con rumbo a la cuenca alta de nuestro río Amojú, caserío La Rinconada.
El aire fresco, el trinar de las aves, el sonido del río y el silbido del viento se configuró en un escenario que nos conectó con nuestra madre naturaleza.
Fue hermoso el reencuentro con doña Armandina Cerdán Acuña, una mujer sabia que tuve el privilegio de conocer en el 2005, cuando se formó el colectivo de promotores ambientales con todos los actores de la cuenca y la Vima; experta tejedora de coloridas alforjas, colchas y ponchos en telar de palo y crochet, curadora con plantas medicinales, generosa en compartir sus conocimientos y muy clara en sus alocuciones, virtudes que le han permitido participar y liderar procesos de participación. Ella tiene 62 años, ha tenido 13 hijos, llegó a La Rinconada con su esposo a los 17 años, su procedencia es Bambamarca. Orgullosamente señala que 5 de sus hijas y 2 de sus nietas son “laboristas” (arte textil).
Ella sostuvo una entretenida charla con todos los estudiantes y no hubo pregunta que no respondiera:
“Antes nos manteníamos del dulcecito (chancaca) que vendíamos en Jaén para comprar la salsita. Antes daba comida como el frejol, chiuche, camote, zapallo, vituca…
Ahora no da, la comida de más antes se ha desaparecido, hay mucha plaga que ataca a la vituca, se hace el tallo negro, se pudre y se tumba; el maíz da sólo el amarillo. Cuando cambió el clima, vinieron unos ingenieros, tomaron la temperatura y nos capacitaron para sembrar el café. El café nos da plata, pero a la tierrita la empobrece porque le ponen herbicida, lo malogran fumigándolo con herbicida y la tierra está débil, cuando se tumban las plantas de café el terreno queda pobre, ya no produce nada, por eso los alimentos son escasos.
Antes era bonito, había bastante agua, antes no podíamos bandear, pasabamos en nuestras bestias, ahora embotados nomás; la gente taló el bosque, no pensaron que el agua se va acabar. Desde hace 10 años el agua es poquita.
El bosque natural era una montaña de cedros, romerillos, paltaqueros, balsa, higuerón, cascarilla, lanche. El bosque tiene su forrito, allí donde pisamos, es el que tanga la fuerza del agua: ese forrito se pudre y sale el aguita. En el bosque había animales silvestres como el paujil, la sachavaca, el oso de anteojos, gallitos de las rocas, pavas de monte, bobas, zorros, mangujos, armadillos. Ahora sólo hay monos; hace días mis nietos divisaron uno monos en mi montañita…”
Gracias señora Armandina por su testimonio, por la memoria de nuestra tierra.
“Todos juntos enseñamos, todos juntos aprendemos” (Red de Bibliotecas Rurales).
Sara Moreno Alberca

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