Este 23 de febrero, Alfredo Mires hubiese cumplido 65 años. Su fino humor, su capacidad de contar y de atraparme en la fascinación de sus pensamientos me hicieron ver el mundo con otros ojos. Es algo que extraño mucho. Es por eso que, tantas veces, leo y re leo sus textos. Hoy quiero compartir un fragmento de una de las muchas ponencias de Alfredo con ustedes.
La memoria está en el núcleo de la identidad de los pueblos, pero hay que abrir el núcleo, porque la crónica legal es como un blindaje que lo asfixia. De ahí el valor de la mayéutica, el arte de ayudar a parir, de hacer emerger lo entrañable. Porque el recuerdo no tiene que ser sujeto de dominio cuando tiene la independencia del corazón comprometido y el vigor de la mentalidad indómita (valga la ocasión para hacer un reconocimiento público a las ardillas: al parecer, ellas sí tienen un olvido fecundo, porque como no siempre recuerdan dónde han enterrado sus nueces, son responsables, cada año, del nacimiento de cientos de miles de árboles).
Gracias, Alfredo, por tus enseñanzas, por tu presencia entre nosotros, por acompañar nuestros andares, siempre.
Rita
La memoria está en el núcleo de la identidad de los pueblos, pero hay que abrir el núcleo, porque la crónica legal es como un blindaje que lo asfixia. De ahí el valor de la mayéutica, el arte de ayudar a parir, de hacer emerger lo entrañable. Porque el recuerdo no tiene que ser sujeto de dominio cuando tiene la independencia del corazón comprometido y el vigor de la mentalidad indómita (valga la ocasión para hacer un reconocimiento público a las ardillas: al parecer, ellas sí tienen un olvido fecundo, porque como no siempre recuerdan dónde han enterrado sus nueces, son responsables, cada año, del nacimiento de cientos de miles de árboles).
Gracias, Alfredo, por tus enseñanzas, por tu presencia entre nosotros, por acompañar nuestros andares, siempre.
Rita

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