agosto 18, 2009

La dignidad de los pueblos también se escribe leyendo

En marzo de este año nuestra Red publicó los “Apuntes sobre la promoción de la lectura en áreas rurales”, de Alfredo Mires.
El texto había sido solicitado por los organizadores del II Encuentro Nacional de promotores de Lectura realizado en Colombia, en octubre del año pasado.
Alfredo Mires dice en este documento:
“La promoción de la lectura define, en gran medida, el lado de la historia en el que nos ubicamos. No se puede ser neutral porque la lectura tampoco lo es. Ignorarlo es tomar posición del lado de quienes intentan ocultar esta realidad para impedir que pueda ser transformada.
Promover la lectura es adherirse a las realidades y a las expectativas de las poblaciones. Más aún, la motivación de la lectura ha de ser un reflejo de las capacidades de decisión, de los intentos de apropiación y de las búsquedas genuinas de las propias comunidades, de quienes la asuman como una herramienta para seguir aprendiendo desde su mismo contexto.
No aprender a leer por leer, sino en la procura de aquel abono que incremente el discernimiento desde la propia cultura, en el amacolle de una fronda desde las propias raíces.
Porque lectura no es evasión: es inmersión y riesgo, es liberación e impulso. Leer es reprobar la indolencia y ejercer el derecho al humor compartido, a la gratificación merecida y a una vida que no sea sinónimo de desgracia
”.

agosto 11, 2009

Gli occhi di Gabi

“Los ojos de Gabi” es el nombre de un testimonio escrito por Alfredo Mires (miembro fundador y asesor de la Red) desde la mirada de Gabi, una niña campesina con parálisis cerebral infantil.
“Yo no soy una «minusválida» ni una «discapacitada» –dice Gabi, y se pregunta–: “¿Quién será más «minusválido», uno que no puede entender a tantos o tantos que no saben entender a uno?; ¿Quién será más «discapacitado», uno que no hace porque no puede o uno que no hace aunque pueda?”La primera edición bilingüe español-alemán del texto apareció en febrero del año 2007, y diez meses después la segunda edición.
El libro está completamente ilustrado con imágenes de antiguas pinturas rupestres, petroglifos, litoesculturas y cerámicas de Cajamarca.

agosto 08, 2009

Cerro El Retablo, en Catache


El GEPA (Grupo de Estudios de la Prehistoria Andina) de nuestra Red, estuvo en la comunidad de Catache para conocer y saludar al Apu El Retablo, a inicios del mes de julio.
Acompañados por las autoridades comunales, tuvimos la ocasión de hacer un largo recorrido por el área.
El cerro conserva vestigios de ocupación muy antigua entre los santuarios, tumbas y galerías subterráneas que lo caracterizan.
Desde el interior de los ductos se puede acceder a enormes ventanas naturales ubicadas en los farallones inaccesibles desde el exterior. Y desde ahí contemplar el imponente paisaje en el que sobresale la cúspide del Apu Tantarica, el lugar donde aún hoy permanecen los restos de la antigua ciudad de piedra que fuera, probablemente, capital de la gran comunidad de los Cuismanco, hasta antes de la llegada de los Inca a territorio cajamarquino.
El Retablo ha estado cubierto de bosque hasta hace poco, pero el pastoreo de cabras ha medrado su abundancia. Se conservan aún árboles de maqui-maqui, así como lorowach’anan (lugares de anidar para los loros). Y en el imponente mogote del Cashaloma (“La loma de las espinas”) se puede hallar gran cantidad de libiactuyu (“La bromelia del señor del rayo”, del ayllu de los llacuaces), una laya de penca poco frecuente en el área.

Camino a Catache

Saludamos la visita que nos hiciera la profesora Ana Guaylupo y la señorita Alicia Huamán, de la comunidad campesina de Catache, ubicada en el distrito de Magdalena, Cajamarca.
Ellas se apersonaron con el interés de acompañarles a reconocer el valor del cerro El Retablo, el Apu o montaña tutelar de su comunidad.
Para llegar a Catache se toma la misma ruta que va hacia el santuario de piedra y agua de Cumbemayo (“El fino tejido del río”); el camino se bifurca hacia el suroeste y entonces se abre ante la vista el majestuoso paisaje de las montañas sobre los 3000 metros de altitud, descollando el Apu Colladar, montaña tutelar del distrito de Asunción, al otro lado de una ladera que cae casi en picada hacia la margen izquierda del río Jequetepeque.
Son estas montañas las que hacen posible el pródigo clima de la zona, a más de constituir verdaderos colchones acuíferos y refugios de plantas y animales.
El Colladar, como muchos de los espacios sagrados para los cajamarquinos, se halla bajo la amenaza de depredación por parte de las industrias mineras, con todo lo que aquello significaría para la cultura agrícola y la vida de las comunidades.

Nuestros mayores cuentan I


La piedra y el zorro

El zorro andaba burlándose de una piedra que se hallaba en el camino. Cada vez que pasaba lo decía:
– Ya es hora que te boten de aquí porque mucho estorbas; como no puedes moverte, no sirves para nada.
Un día la piedra se cansó de soportar tanto insulto y lo desafía al zorro.
– Dices que soy inútil. Hagamos una apuesta en carrera a ver quién gana.
El zorro, seguro de ganar la apuesta, acepta. La piedra, que se encontraba al filo del cerro, lo dice:
– Correremos de bajada.
Y el zorro, medio vivo, maliciando dice:
– Vua traer una soga para que corramos juntos, porque tú segurito que me vas a engañar, porque ni patas tienes. No sé cómo podrás correr.
El zorro amarró a la piedra del centro y él se amarró del cuello.
– Correré yo primero –dijo el zorro zonzo.
Empezó la carrera. El zorro jaló y la piedra, en cada vuelta que daba por la pendiente del cerro, golpeaba al competidor.
Cuando terminó la carrera el zorro estaba todo destrozado y muerto.
Así, sin tener patas, la piedra ganó la apuesta.

Contado por Cruz Huaccha, de Paccha Chica Alta.Recogido por Aurora Portal, de Pariamarca

julio 07, 2009

DESDE EL CORAZÓN (I)

(8 de julio: a siete años del deceso del R.P. Juan Medcalf, testimonio de su hermana, Kathy Doust)

Cuando veo las fotos de Juan –algunas tomadas durante su infancia y una de color en el año 2000, cuando mi madre cumplía 90 años–, parece que hay dos caras de él: una muy seria y la otra justo lo contrario, muy alegre. Sin embargo, mis recuerdos se inclinan mucho más hacia la segunda.
Él fue casi diez años mayor que yo: era el mayor de seis hijos y yo la número cinco. Quizá no debería admitirlo, pero siempre fue mi hermano favorito. Supongo que la diferencia de edad fue un factor. Fue siempre el hermano que conseguía unos pocos centavos para comprarme un caramelo o tenía la edad suficiente para llevarme a conocer otros lugares.
No obstante, era más que eso. Era muy travieso y enormemente divertido. A menudo usaba su humor para poner a sus hermanos en problemas. Tenía el don de poner la cara de “yo no fui” cuando era necesario, así que él podía hacer algo terrible para hacernos reír en la mesa y, de inmediato, ser capaz de evitar la ira de mi padre pretendiendo que él no había sido parte de la broma.
Puedo recordar, también, qué tan bueno fue contando historias, sobre todo cuentos de fantasmas. Aprovechaba los largos caminos a casa por el campo en noches particularmente oscuras para contarlos a mí y a mis amigos. Siempre terminaba con mis amigos chillando y corriendo a casa, muertos de miedo y diciendo que nunca más volverían a caminar con nosotros.
Así que no puedo recordar un hermano serio y aburrido.
Otros también recordarán su humor. Siempre le estaba haciendo trucos a alguien y hasta fue amenazado con la expulsión de los Misioneros en una casa en Londres después que cambió a la cocinera un queso por jabón. ¡A ella eso no le divertía en absoluto!
En una nueva parroquia –de St. Leonards, con feligreses que no estaban acostumbrados a su sentido del humor y en el Día de los Inocentes –, envió a muchos de ellos al muelle con la creencia de que el obispo iba a llegar para bendecir a los peces. John, por supuesto, a esa hora ya estaba a muchas millas de distancia, en un tren rumbo a Londres. Hubo sentimientos diversos entre los feligreses dependiendo del nivel de humor de cada uno, pero sé que al final todos llegaron a conocer su ingenio.

DESDE EL CORAZÓN (II)


Este humor de Juan no siempre lo utilizaba para jugar con la gente: lo utilizaba mucho en su relación pastoral tanto con los niños como con los adultos. Siempre tenía una colección de muñecos, peluches, sombreros divertidos y lo que él llamó su "ayuda visual", no sólo para entretener sino para enseñar. Lo utilizaba en todo tipo de manifestaciones artísticas y obras de teatro. Cualquier que haya presenciado esto alguna vez, jamás olvidará el impacto que le causó.
En otra ocasión –también en St. Leonards– al inicio de la misa se deslizó hacia el altar, corriendo sobre el scooter que uno de sus feligreses le había comprado, con un sombrero de paja con flores en la cabeza... No puedo recordar en absoluto qué cosa dijo tratando de explicar lo que estaba haciendo, sólo recuerdo que era algo fundamentalmente importante respecto de nuestra fe. Pero nunca he visto algo semejante en ningún lugar, y no creo que lo haya, considerando la seriedad y la dura piedad de algunos de nuestros pastores en estos días.
Por lo tanto, es esta foto a colores de Juan con su traje de baño de 1920, a rayas color rojo (que en realidad era una pijama), en la que identifico al hermano que recuerdo.
Estoy seguro de que es así como los demás también lo recuerdan, incluidos Alfredo y Rita y todos los que participan en la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca.
Eso es algo que siempre he tratado de imitar.
Siempre habrá momentos en que la solemnidad y la deliberación serán las adecuadas, pero Dios nos ha dado la capacidad de reír.
Mientras que los neurólogos y psiquiatras han dedicado años investigando sobre la risa y descubriendo sus beneficios terapéuticos, todos sabemos –estoy segura–, que con el ejemplo de John se añadirá un poco del buen humor que todos necesitamos de vez en cuando.
Dios les bendiga con la risa.

abril 14, 2009

“Encender lecturas sin apagar culturas”


Con el nombre “Encender lecturas sin apagar culturas: la experiencia de la Red de Bibliotecas Rurales de Cajamarca”, estuvimos presentes en el Seminario Internacional “Biblioteca Pública y Sociedad de la Información: Desafíos y Respuestas desde América Latina”, realizado en Lima del 24 al 26 de marzo.

Alfredo Mires Ortiz, Asesor de la Red, enfatizó en su conferencia:

Para nosotros está claro que la biblioteca no puede ser un agente colonizador y es demasiado el tiempo en el que la historia se ha escrito para anestesiar la osadía.(…)

El tiempo no debe seguir pasando sin que escribamos nuestra propia historia, reivindicando la capacidad de sobrevivir de nuestros esenciales saberes. Lo contrario es seguir auto imponiéndonos el totalitarismo, cerrándole el paso a la obstinación de la memoria y a la insurgencia de lo genuino.

Nosotros creemos que –por naturaleza– una biblioteca pública debería ser multicultural. Una biblioteca monocultural es intolerante, más aún en países como los nuestros, en los que anida una diversidad casi sin límites, tanto que puede resultar extraño hablar de “interculturalidad” en espacios pluriculturales, en los que la expresión de las diferencias se supone inherente a las prácticas sociales. (…)

Urge revisar el rol político que han cumplido y cumplen las bibliotecas como mecanismos de información y formación. Porque ni los libros ni el ejercicio de la lectura son neutrales: el sentido del quehacer bibliotecario puede situarnos como sujetos de la arbitrariedad hegemónica o como protagonistas de la instauración de la paz y de una sociedad respetuosa, justa e igualitaria.

abril 01, 2009

38 años…

Este 31 marzo de 2009 cumplimos 38 años de andanzas.

R.P. Juan Medcalf, Bibliotecario Rural Manuel Huaccha y Alfredo Mires Ortiz. Enero 1981

Son 38 años de gratitud y gratuidad, de reflexión constante y práctica sin tregua, de capear los temporales y sostener la esperanza.

Esta constancia heredada de nuestros mayores, este permanecer sin sometimientos y este ánimo imperecedero es lo que podemos seguir compartiendo.

La presencia de Juan Medcalf, fundador de la Red de Bibliotecas Rurales, así como de todos aquellos que acompañaron y acompañan este proceso, son memoria que celebra como celebramos la lectura de nuestro entorno para seguir bregando por la reconstrucción y construcción de la comunidad
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febrero 26, 2009

Nuevo Fascículo de la Serie “… y otros cuentos”


“La peña del cura y otros cuentos nos habla de esos lugares que nos regalan los mayores a través de sus palabras. No son tan lejos porque todos vivimos cerca, en ese costado de donde salen las serpientes y los pollitos que brillan.


Al leer este libro nos acercamos un poco más. Recordamos.
Cada recuerdo no necesita de una explicación porque cada uno es una explicación”.


Celebramos en este nuevo libro las voces, el estrechar de manos, el abrazar de los mayores, esa sabiduría que acompaña y aclara.